"Luciano, las estrellas también brillan cuando la noche es finita"
Cerca de 450.000 personas, según los diarios italianos, acudieron hoy al funeral de Pavarotti.
El 'Ave María' del Otello de Verdi, cantado por Raina Kabaivanska, un fragmento del 'Réquiem' di Luigi Cherubini, por la Coral Rossini, donde Pavarotti dio sus primeros pasos como cantante; y el 'Ave verum corpus', de Mozart, por Andrea Bocelli, gran amigo del tenor, fueron los cantos que se escucharon durante la ceremonia religiosa.
Durante el ofertorio, el flautista Andrea Griminelli interpretó la 'Danza degli spiriti beati', de Orfeo y Eurídice. Una grabación de Pavarotti con su padre, 'Pani Angelicus', de Cesar Franck, que ambos cantaron en 1978 en esa misma catedral, clausuró el oficio religioso.
A la salida del féretro, se escuchó el 'Nessun dorma' ('All'alba vincerò!', ya lo sabíamos) en la voz de Pavarotti.
Muchos fans y escasas personalidades del mundo lírico. Entre estos últimos, Mirella Freni y Franco Zeffirelli. Plácido Domingo y José Carreras no acudieron. Domingo explicó que se encontraba en Los Ángeles, ensayando. El domingo, dirigirá el 'Réquiem' de Verdi en homenaje a Pavarotti.
(Kabaivanska canta el 'Ave María' al inicio de la misa)
"La musica dei funerali" (vídeo)
"Tutti gli amici di Pavarotti presenti alla cerimonia funebre" (vídeo)
"Pavarotti, ultimo saluto al maestro" (vídeo)
Foto portada: una de las pancartas que hoy se vieron en el funeral de Pavarotti. The Lypton Village fue la banda a la que perteneció Bono, de U2, durante su infancia y adolescencia.
Paco Roa dijo
Bueno, muy seguramente no es el mejor momento posible para profundizar en la crítica, pero la más que significativa ausencia de sus dos “compañeros -¿hermanos?- del alma” del triunvirato lírico en la Misa funeral por el eterno descanso de Pavarotti, decano de esta singular sociedad -¿mercantil/$?- lírica, aireada y censurada, con toda la razón del mundo, por no pocos medios internacionales de comunicación social, bien da para dejar apuntado siquiera lo que sigue. Sobradamente conocen que no fui especialmente “devoto” del tenor fallecido y de su manera de entender la profesión (aprovecho para felicitar efusivamente a nuestra amable anfitriona por tan trabajado como logrado despliegue informativo sobre el deceso), como tampoco lo he sido ni lo soy, por parecidas razones, de sus dos colegas –mis gustos y preferencias operísticas han transcurrido desde el principio por otros lugares más especializados y, desde luego, mucho menos comercializados que los frecuentados por este fenómeno musical de aparente hermanamiento profesional y humano conformado por Carreras&Domingo&Pavarotti-, lo cual nunca me ha impedido reconocerles, juntos o por separado, todos los méritos contraídos, especialmente por el italiano, el primero en ofrecer un “macroconcierto” lírico al aire libre, en sus carreras y en orden a popularizar a su manera, más de palabra que de obra, un género tachado (un tanto injustamente) de elitista, y de mostrar sin reservas mi solidaridad de buen aficionado con cualquiera de ellos en sus horas bajas (de celebrarse en España algún homenaje a Pavarotti, p.ej., no dudaría en estar presente, como lo estuve en la reaparición de Carreras tras su terrible enfermedad). La falta, pues, tanto de Carreras como de Domingo en el último adiós al bueno de Luciano, alegando fútiles excusas, a mi juicio reabre la verdadera cuestión de fondo del triunvirato por resolver, que bien podría expresarse con las siguientes preguntas, ¿el origen de tan excepcional agrupación tenoril, antes que obedecer sólo a razones de acercamiento de la ópera al gran público, fin supuestamente buscado por los tres, fue una pura y dura estrategia de marketing para revitalizar sus ya entonces -1.990- muy alicaídas carreras profesionales?, ¿si realmente lo único que se pretendía era popularizar la ópera, haciéndola cercana y accesible económicamente a un público plural, no necesariamente aficionado y ajeno a los teatros, entonces cómo se explican los precios astronómicos de la gran mayoría de las localidades de estos conciertos?, ¿qué calidad media real se ofrecía en los mismos, la necesaria para crear afición, convencer y llevar a sus asistentes a los teatros de ópera, o se reducía a poco más que a la de cualquier “pop festival” de verano para pasar el rato?, y finalmente, ¿podría decirse que el triunvirato al menos sirvió para que limasen entre ellos viejas rencillas o éstas siguieron existiendo –se habla de que el italiano renegoció en beneficio propio los royalties de todos los conciertos de “Los tres tenores” a espaldas de sus compañeros, y la ausencia de Carreras y Domingo al funeral me parece bien elocuente-, pero aguantaron unidos el tipo mientras se hacía caja, conseguían pingües negocios, acaparaban portadas y recuperaban la fama perdida? Saludos muy cordiales.
10 Septiembre 2007 | 11:07 AM