La Coctelera

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El blog de lagioconda

7 Septiembre 2007

Así era Pavarotti (I)/ Montserrat Caballé: "Se arrodilló ante mí y me dijo: 'Eres la Mimì más bella y delgada con la que he cantado'"

Testimonio de Montserrat Caballé, publicado en La Vanguardia:

Mi Luciano

«Son muchos los recuerdos que conservo de mi relación con Luciano. Infinidad de anécdotas y de momentos especiales, pues era un gran amigo y un gran colega, con el que coincidí en muchas actuaciones y grabaciones de obras como Un ballo in maschera, Aida, Tosca, Turandot, Mefistofele, La bohème, Luisa Miller, Andrea Chénier o La Gioconda, y en escenarios como el Met de Nueva York, la Scala, San Francisco, el Covent Garden...

Todo el mundo sabe que ha sido un artista extraordinario, de voz asombrosa, que abordó un extenso repertorio de manera espléndida.

Pero yo quiero ahora resaltar sobre todo el aspecto humano, que mucha gente desconoce.

Era una persona de inmensa bondad, de gran generosidad, siempre dispuesta a participar en cualquier causa humanitaria en la que pudiera ser útil. Eso lo llevaba muy dentro de él.

Comencé a colaborar artísticamente con él a finales de los sesenta o principios de los setenta, pero no fue hasta algunos años después que descubrí ese lado humano de Pavarotti.

Fue cuando el actor Danny Kaye contactó conmigo para ayudar a Unicef y supe que Pavarotti ya colaboraba con esa organización. Y es que, como él me dijo entonces, las cosas no hay que decirlas, sino hay que hacerlas, y no para salir en la foto. Desde entonces puedo decir que me enamoré —en el más bello de los sentidos— de su alma, del corazón tan grande que tenía. Los enfermos de sida en África, los niños de Bosnia, las personas mayores sin medios... Trató de ayudar a todos.

Hemos perdido a un guía espiritual y de colaboración humana, y yo he perdido a un amigo del alma. Su voz no la perderemos, seguirá perdurando a través de sus grabaciones. Pero no deben recordarse sólo sus do de pecho, sino también la gran bondad que repartía por el mundo.

De mi trabajo con él en el escenario lo que más recuerdo es su gentileza, su disposición constante para que todo fuera bien, para ayudar a todos, hasta a quien tuviera la más pequeña participación en los montajes. Era una fiesta trabajar con él. Parecía el padre de todos.

Recuerdo una Turandot en San Francisco en la que yo salía de la barriga de un gran Buda que apartaba sus brazos. Uno de ellos se atascó durante la función y Pavarotti corrió a tirar de él para ayudarme a salir. ¡Casi arranca aquel brazo mecánico! En nuestra primera Tosca yo tenía un poco de miedo de saltar a un colchón en la escena del suicidio. Tras hacer él mismo el salto, pidió que pusieran un segundo colchón para darme más seguridad. Él solía beber agua con hielo porque decía que le iba bien a su voz.

En otra Tosca, al oír que yo tosía un par de veces porque habían movido los decorados y había mucho polvo en el aire, me hizo salir un instante entre bambalinas para darme uno de sus vasos de agua para que todo me fuera bien en el Vissi d'arte, como así ocurrió. En mi primera Bohème en Nueva York yo estaba un poco preocupada por no ser una Mimí estilizada como otras, pero él me tranquilizó diciéndome: "Piensa que a mi lado pareces pequeña". Y tras mi aria, mientras el público aplaudía, se arrodilló ante mí con los brazos abiertos y me dijo: "Eres la Mimí más bella y delgada con la que he cantado". Son anécdotas sencillas, inocentes, pero que dejan clara su gran humanidad.

En el Liceu sólo cantamos una vez, fue en una Bohème que recuerdo muy emocionante. Nuestra última ópera juntos fue Un Ballo in maschera que hicimos en la Royal Opera de Londres a principios de los noventa, aunque la última vez que canté con él, aunque fue de manera informal y entre amigos, fue hace unos años en un hotel de Moscú, mientras celebrábamos el triunfo de su concierto en la plaza Roja.

Aunque en su vida privada le hicieron a veces mucho daño, fue una persona que mantuvo hasta el final una filosofía de vida muy sana y un gran optimismo. Era, como yo, una persona muy religiosa. La última vez que hablé con él fue por teléfono, en julio. "Nosotros ganaremos, y si no ganamos será porque él no lo quiere", me dijo».

(Foto)

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"Los más emocionantes hallazgos dejarían de deleitarme si tuviera que guardarlos sólo para mí".

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