Entrevista del pasado día 21 en El Periódico con Natalie Dessay.

Por Marta Cervera:

"Tras su sentida interpretación de Ofelia en Hamlet, la camaleónica soprano francesa regresa hoy (21/06/07) al Liceu. Interpretará a la cortesana mejor pagada del París de 1700 en Manon, de Massenet. Cantará con el tenor Rolando Villazón, un lujo. Para ella, trabajar con él y con el director de escena David McVicar son los principales atractivos de esta producción de la English National Opera. Dessay recibe au naturel, sin maquillar y con el pelo recogido. Eso sí, no quiere fotos".

—Variar de personajes, géneros y repertorios es su vida.

—Y me encanta. No me imagino interpretando el mismo papel 300 veces. Nunca los canto más de 70. No es tan importante qué interpretas como con quién. Ya no hacía de Reina de la Noche, pero cuando Kenneth Branagh me propuso hacer La flauta mágica, cambié de idea. Al final, sin embargo, otros compromisos se interpusieron.

—¿Le gustó la película?

—Branagh tiene un gran sentido del ritmo y del lirismo, pero llevar la ópera al cine es como llevar el teatro a la pantalla. Son géneros vivos y solo deben verse en el espacio que les corresponde. No creo en las óperas en los grandes estadios o con micrófono. Son otra cosa, es otra profesión, un show. La ópera, como el teatro, es algo mucho más artesanal.

—¿Le marcó trabajar con un director como Roman Polanski al principio de su carrera?

—No, porque él estaba aterrorizado con la ópera. Es una lástima, porque es buen cineasta y tiene ideas. Quizá con más tiempo para trabajar habría sido distinto. La ópera es un género que se las trae.

—¿Le supo mal?

—Mucho. Me encanta actuar. De hecho, solo hago ópera por defecto, porque soy una actriz frustrada. Utilizo la ópera para sacarme la espina.

—¿Por eso probará en el teatro?

—Será en el 2010 con L'ignorant et le fou, de Bernhard, en París. He reservado tres meses para ensayar a las órdenes de Alfredo Arias, al que conozco y cuya fantasía conecta muy bien con la obra. Como encarno a una cantante, algo que domino, espero salir airosa. De lo contrario, da igual, algo aprenderé de los ensayos.

—No conozco otras cantantes líricas que hayan dado ese salto.

—Yo tampoco, pero no importa. No suelo hacer las cosas como todo el mundo. Lo hago todo al contrario, del revés y a contratiempo.

—¿Se deja guiar por el instinto?

—Siempre. No soy yo quien ha escogido mi vida, sino mi vida la que me ha escogido a mí. También fue mi marido quien me escogió. Muchas veces me digo que ya tengo edad de escoger por mí misma, pero no me sale.

—¿Qué opina de McVicar, director de escena de Manon en el Liceu?

—No proviene de la ópera, y eso me gusta. Mi misión en la vida es cambiar el mundo de la ópera. Y necesito de gente como él, dispuestos a ello. Quizá no lo consigamos, pero lo hemos de intentar. McVicar tiene un don para dirigir actores, sabe dotar de corporalidad el juego actoral, haciéndolo físico y sensual.

—¿Cómo es su Manon?

—McVicar ha sabido captar la esencia de Manon: una mujer a quien solo le preocupan dos cosas, la carne y el dinero. No ha tocado nada de la época en la que transcurre la acción, que ubica a principios del siglo XVIII, coincidiendo con la fecha de la publicación de la novela en la que se basa la obra.

¿Por qué quiere cambiar la ópera?

—Porque la música es solo una parte y, si no se dinamiza el aspecto teatral, las óperas son un aburrimiento. Si el teatro es vida, la ópera debería ser vida multiplicada por 100, pero no siempre es así. A menudo, en la ópera tienes sensación de déja vu. No pasa nada, no actúan. Algunos creen que la música y la voz tienen prioridad, pero se olvidan de que están al servicio del espectáculo. Exagerando, debería ir prima le parole e poi la musica, porque de tanto haber ido en la dirección contraria hemos llegado al aburrimiento.

—Más allá del método, la falta de títulos de hoy sería otro hándicap.

—El problema no es ese, sino el enfoque que se da a la ópera. Los temas de los grandes títulos son universales. Que falten óperas de hoy es un segundo problema, pero no arregla el primero. Las obras musicales más fáciles se van al music-hall, y las que no lo son, rara vez interesan musicalmente. Solo son complicadas rítmicamente. Torturan tanto a los cantantes como al público. Pocos compositores logran dar con la justa medida. Uno de ellos es Thomas Adès, ultradifícil pero interesante.

—¿Los directores de cine pueden imprimir nuevos aires al género?

—No me convencen. Muchos no tienen ni idea de ópera. Pero sueño con el día en que Almodóvar se lance. Tendría sentido en su caso porque sus películas son muy operísticas. Él domina la desmesura y la fantasía. Además, las bandas sonoras de Alberto Iglesias son extraordinarias. Ojalá él escribiera la música y Almodóvar la llevara a escena. Si hacen una ópera, me apunto.

—Su último disco es Il trionfo del Tempo e del Disinganno, de Händel. ¿Qué le seduce del barroco?

—En la ópera ni siquiera ves a los músicos del foso. Pero con la música barroca se establece una relación de tú a tú más estrecha y privilegiada. Lo construimos todo juntos.

—Tras Manon, ¿cuándo volverá?

—En el 2011 cantaré en el Liceu mi primera Marguerite en Faust, de Gounod. Un nuevo reto.

Vía: El Periódico.com


"El aspecto físico, la palabra, el virtuosismo vocal, todo debe buscar la expresión teatral, sólo así el canto cobra su verdadero sentido. El canto trasciende todas las emociones, tiene una dimensión mágica, cuando canto siento como si el alma del personaje saliera por mi boca".

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