Reportaje de am_zoo. Un reportaje tres_en_uno al que no le falta de nada: vidilla, mucha vidilla; fotografías y vídeo. Todo de su autoría.

Sé que algunos de ustedes piensa que exagero cuando me refiero a él como 'nuestro corresponsal en Berlín', pero nada más lejos. Estudia en Berlín, nos envía sus crónicas desde Berlín y se lo está pasando como un enano... en Berlín (es un decir, calza un 45).

La crónica de hoy trata de la última (que se sepa) de sus aventuras berlinesas: un fin de semana entero, con sus días y sus noches, disfrutando a tope de música de la buena (y de vez en cuando de una buena cervecita).

Así lo vivió y así nos lo rebobina ahora, como si lo estuviera viviendo en el mismito momento en que nos lo está contando. Y tampoco exagero nada.


'¡Qué noches las de Berlín!': Netrebko, Abbado y András Schiff

El pasado fin de semana (o el fin de semana del 18 al 20 de mayo) fue el mejor fin de semana desde que estoy en Berlín, y, con toda seguridad, el mejor fin de semana de toda mi estancia en la capital alemana, además de ser la síntesis perfecta de lo que he venido a buscar aquí: música.

Hablaré de música sinfónica, ópera y música de cámara. Hablaré de todo el fin de semana, intentando transmitir todas las sensaciones vividas y cómo iban acumulándose a los largo de los tres días. Espero tener la suficiente capacidad de síntesis para contarlo todo con claridad y no extenderme.

El finde empezó el viernes, 18 de mayo, sobre las seis de la tarde. Esa tarde (y los dos días siguientes) dirigía la Berliner Philarmoniker el que fue su director titular desde 1989 hasta 2002: Claudio Abbado. He ido a los teatros a ver ópera y ballets, a conciertos de cámara, a ver grupos de rock, pop, jazz. He intentado ir a ver a toda figura artística-musical que me gusta. Pero la Filarmónica es la razón musical de más peso por la que elegí esta ciudad. Demasiados discos, vinilos, imágenes... Demasiados “mitos” en torno a ella. Y todo se lo ha ganado a pulso. ¡Lo juro!

He visto dirigir a Zubin Mehta, Pierre Boulez, Seiji Ozawa, Daniel Barenboim, Mariss Jansons, Bernard Haitink y Sir Simon Rattle, y no pensaba irme de aquí sin ver dirigir a Abbado.

Para ver a cualquier director o intérprete que venga invitado a la Filarmónica no es difícil conseguir entrada, además,a precios asequibles. Pero Abbado es mucho Abbado en Berlín, y las entradas volaron el mismo día que salieron a la venta.

—Bueno, no pasa nada. El día del concierto me planto en la taquilla a ver si consigo una entrada de pie (las sacan a la venta el mismo día del concierto), y, si no, pues..., pues reventa (aunque me joda mucho). Pero yo no me quedo sin ver a este tío.

Día 18 de mayo. Allí me planto. Una cola larga.

—Uf, me voy a quedar con las ganas... Y mañana me gustaría ir a Bebelplatz, ¡y el domingo no puedo!

Abren la taquilla. La cola empieza a avanzar. Quince minutos como mucho. Se acabó. Viene un tipo y dice: "Las entradas de pie se han agotado para los tres días. Pueden esperar por si salen entradas" (No sé si de reservas anuladas, protocolo que no acude.... no lo sé).

Vale. Espero en la cola.

Soy el número nueve en la cola. Hay gente que empieza a moverse buscando reventa. Una mujer dice que no está dispuesta a pagar 80 euros por una entrada de 15. Yo no me muevo de la cola. Muy chulo yo con que compro en la reventa, pero... ¡que va! ¡Ni de coña! ¿Y si me timan? Hay gente que se va, gente que compra en reventa. Al final me quedo el quinto en la cola.

19:50 h. Faltan diez minutos para el concierto. Se acerca el tipo de la taquilla y dice: "Hay una entrada por 25 euros". Los cuatro que tengo delante van juntos. "No, gracias", les oigo responder.

El siguiente soy yo.

—¡¡¡Síííí!!!

Paso, compro la entrada. Estoy excitadísimo. Hubiese gritado de emoción como nunca lo hubiese hecho. Entro, cojo el programa, busco mi asiento y a los dos minutos se atenúa la luz y empieza el concierto.

La primera parte tocan un concierto para violín, cuerda y bajo continuo (reconstrucción del concierto para cémbalo BWV 1052), de J. S. Bach, y el concierto para violín e instrumentos de viento Op. 12 de Kurt Weill. El solista fue Kolja Blacher, Konzertmeister de la Filarmónica durante la época de Abbado como director titular. La segunda parte tocaron la 3ª sinfonía de J. Brahms.

El sonido y la manera de tocar de la orquesta dirigida por Abbado es espectacular. Es increíble cómo puede cambiar tanto de un director a otro. Con Haitink, por ejemplo, la orquesta es perfecta, pero fría. No te transmite; notas distancia.



Sin embargo, con Abbado, o con Rattle, notas la entrega de los músicos, todo se multiplica y lo escuchas todo tan claro y tan sencillo que te ruborizas. La diferencia entre todos los matices, los planos sonoros, el empaste de la orquesta. Es increíble. Lo único que puedes hacer es quedarte sentadito y entregarte a la avalancha musical que te va a caer encima, intentar captar todo lo que puedas, y disfrutar. E intentar no perder la cabeza. Exagerado, pensaréis, pero así es. El día que escuché a esta orquesta dije: "Pues sí, la perfección existe".

Después de ese concierto, una buena cerveza de trigo y una noche insomne con una sonrisa imborrable en la cara, me dispuse a afrontar el sábado. Como conseguí ver a Abbado el día anterior, ya iba a venir todo rodado.

19 de mayo. Sábado por la tarde. Sobre las 18 horas salgo de casa. Voy paseando. Es todo recto. Llego a la Bebelplatz, la plaza adyacente a la Staatsoper-Unter den Linden-Berlin.


Esa tarde el Teatro de la Ópera Nacional ha instalado una pantalla gigante en la plaza (más grande que un campo de fútbol) y ha organizado una “Oper für Alle” ("Ópera para Todos”).


A las 19 horas, después de unos breves parlamentos de algún responsable del teatro y del alcalde, la pantalla conecta con el teatro y ofrece, en directo, y para las miles de personas que se concentran en la plaza, “Manon”, de Jules Massenet.


Dirige Daniel Barenboim y Anna Netrebko como Manon. Villazón iba a cantar el Chevalier, pero estaba enfermo y fue sustituido por el brasileño Fernando Portari.

Las entradas se agotaron hacía meses y tenía asumido que me lo iba a perder, pero gracias a esta iniciativa de la organización del teatro pude disfrutarlo aunque no fuese en riguroso directo.


La experiencia fue verlo en una plaza, al aire libre, con miles de personas, puestos de cerveza, salchichas, pasteles, crepes... como si fuese un festival de música pop/rock. Yo me acordé del concierto de Depeche Mode el verano pasado en Torrevieja. Era prácticamente lo mismo, con mucho ambiente y mucho bullicio. Fue una fiesta. Una fiesta muy, muy bonita.

Durante la representación, toda la gente permaneció en la plaza siguiéndola y viviéndolo como si estuviésemos dentro. Aplaudiendo, silbando y jaleando a los cantantes en los finales de sus intervenciones destacadas. Se notaba que la gente disfrutaba.


La realización y los equipos de sonido en la plaza hace que lo veas y escuches perfecto, como si estuviese en el escenario. Como si vieses un DVD o una representación en directo por la tele. Así que, como no estuve dentro, no creo que pueda valorar realmente qué me parecieron la orquesta y los cantantes, porque ya sabemos que no es lo mismo.


La voz de Anna Netrebko me gustó muchísimo; la dramatización del personaje, maravillosa. Es muy buena actriz. “Adieu, notre petite table” fue lo que más me gustó de ella. De Villazón creo que no se acordó nadie. Fernando Portari, ¡chapeau! Una voz preciosa, cristalina. Muy brillante. En la segunda escena del tercer acto, la del convento, se salió. Ahí fue donde se metió al público en el bolsillo.

La escena del casino, el cuarto acto. Muy glamuroso. Ella vestida de Marilyn (¡con peluca rubia!) y él con chaqueta blanca, pelo 'engominao' hacia atrás y un bigote de esos finitos, postizo, con copas de champagne en la mano.

El libreto es muy predecible y a veces te hace reír. Al principio, cuando el primo le dice “Si algún desconocido te dice algo, no le respondas” y luego aparece el primer desconocido, el Chevalier, y ve a Manon y le dice “Vámonos a París” y “El destino nos llevará juntos”. O las típicas frases paternales que le dice el padre del Chevalier a éste en el convento del tipo “Y qué sabes tú qué es la vida” o “Cásate y funda una familia”. Muchos “te amo” y “te adoro”. “Perdónameeee”.

La escena de Manon y el Chevalier en el convento, cuando lo convence para que vuelvan, y el final son las mejores escenas. Magníficas.

Un inciso: En este blog hay un post sobre la pechuga de la Netrebko en Viena. ¡Berlín no iba a ser menos! Y también tuvimos pechuga (que veréis en el vídeo, por supuesto). Pero es algo anecdótico. Realmente es algo a lo que al final no llegas a darle importancia. Todo, música, cantantes, coro, escenografía, la historia..., está muy por encima de esa escena.

Supongo que en Viena sería igual, pero mira... No sé. Los artículos de prensa le dieron más bola a eso. Reducir toda una ópera a ese momento me parece muy poco serio por parte de gente que se dice “crítico” (nota: no me gustan los críticos. Ninguno). Porque nos guste más o menos, no se puede hablar de Netrebko como “un trozo de carne”.

Al final, después de saludar dentro del teatro, Barenboim y los cantantes salieron a la plaza y sobre el escenario en el que estaba la pantalla saludaron a todos los que estábamos en la plaza. No se movió ni un alma. Aquello acabó pasadas las 23 horas.

Yo llegué a casa a medianoche por lo menos. Estaba cansadísimo. Muy feliz, pero reventado. Desde las 19 horas hasta las 23, allí de pie, con toda la gente, viendo la ópera, escuchando la música, leyendo los subtítulos en alemán para enterarme.

Vamos, otra noche desvelado por tanta maravilla. También hubo cerveza. Por supuesto.

El domingo por la tarde fui al Kammermusiksaal de la Filarmónica y rematé la faena. El pianista András Schiff, dentro del ciclo dedicado a las sonatas de Beethoven, interpretó cinco de ellas: 9, 10, 11, 19 y 20. Al final, de bis, una suite francesa para piano de J. S. Bach (10 euros la entrada).

Llevaba ya dos días en la estratosfera, que me subía por cualquier pared que veía, y este tío creo que quemó mi última neurona, si es que me quedaba alguna.

Y nada. Volví a casa. Sí, eso mismo que pensáis. ¿Lo digo? ¡Cerveza! Esta vez unas Wieners riquísimas que estaban de oferta en el súper.

Y se acabó. 72 horas frenéticas. Increíbles. Sublimes. Impresionantes. Maravillosas. Inolvidables. De calle, uno de los mejores findes de mi vida, sin duda (si no el mejor).

Nunca me gusta decir cuánto me cuestan las entradas o cuánto me gasto, pero esta vez lo he dicho porque me ha parecido algo insultantemente barato. A la gente que he visto, las obras que he escuchado y lo que me ha costado todo (sin contar la cerveza y las salchichas...).

No sé. Noto que en esta ciudad todo se me va de las manos. No sé cómo consigo atraparlo. No entiendo cómo todavía sigo cuerdo.

Creo que me he extendido mucho. ¡Muchas gracias por leerlo!

¡¡¡Venid a Berlín!!!

Francesc (am_zoo)

P.D.: La cerveza es la Weihenstephaner Hefe Weissbier.


Vídeo grabado por am_zoo en la Bebelplatz

"Y también tuvimos pechuga (que veréis en el vídeo, por supuesto). Pero es algo anecdótico. Realmente es algo a lo que al final no llegas a darle importancia. Todo, música, cantantes, coro, escenografía, la historia..., está muy por encima de esa escena".


Cómo participar en 'Viva la ópera'

Crónicas anteriores:

1.: 'La comedia è finita!: Baja el telón para la Kabaivanska' (26 de enero de 2004), por Paco Roa

2.: 'La flauta mágica de la Kömische-Oper-Berlin. Versión con personajes y diálogos inventados' (5 de marzo de 2007), por am_zoo

3.: 'Cavalleria' y 'Pagliacci' en el Real: "En 'Pagliacci', se impuso una voz bestial: Vladimir Galouzine" (8 de marzo de 2007), por Allforthemusic

4.: "La Borodina en acción, una mezzosoprano de verdad"(26 de abril de 2007), por Paco Roa