'Viva la ópera' (4): "La Borodina en acción, una mezzosoprano de verdad"
Cuarta crónica (o crítica, como prefieran) de 'Viva la ópera': el debut de Olga Borodina en el Teatro Real, el pasado 15 de abril. Allí acudió, emocionado, Paco Roa. Para todos ustedes, en exclusiva:
"La Borodina en acción, una mezzosoprano de verdad"
Por Paco Roa:
Ya conocen ustedes sobradamente mi particular debilidad por la vocalidad grave femenina en toda su no pequeña gradación, desde la mezzo ligera hasta la contralto dramática, pasando por las especialistas rossinianas de la “cordada”. Pero si tuviera que quedarme con una sola representante de tan suculenta familia canora —al menos para quien esto escribe, desde luego que bien sabrosa—, ésta sería muy probablemente la mezzo dramática (tesitura que, como es bien sabido, a más de escasear casi tanto como el mirlo blanco, toda una rareza —fíjense si no, de las que un servidor ha conocido, además de la que hoy nos ocupa, afortunadamente en plenitud vocal, la Bumbry, retirada; la Obraztzova, virtualmente retirada también; y la Zajick, comenzando a declinar—, dispone sobre el papel de un exuberante rango vocal sólo punto menos grave que la contralto, pero que a mi juicio compensa con una mayor capacidad, variedad y matización expresiva).
Pues bien, este año ya iba necesitando yo una ración de mezzo en vena y con tal mono asistí, el pasado día 15 de abril de 2007, al debut en el coliseo de la Plaza de Oriente —ya era hora de verla por los madriles— de la mezzosoprano dramática del momento Olga Borodina.
Me van a permitir que en esta ocasión, empero ser la noticia la presentación en dicho teatro de la Borodina, comience por lo que en un concierto vocal suele ser una mínima referencia al final: la orquesta y la dirección. Y es que hacía mucho tiempo que, en mi opinión, los músicos titulares del Real no se producían con la virtuosidad y eficacia con la que lo hicieron acompañando a la cantante rusa, bajo las órdenes de la magnífica directora Keri-Lynn Wilson (habrá que hacerla un seguimiento).
Desde “La gran pascua rusa”, tocada con inusitada precisión y comprensión de la infrecuente página, hasta la “Bacanal” de “Samson et Dalila”, aquí con mención especial para la madera y la percusión, pasando por una vibrante lectura de la conocidísima “Danza de las horas”, larga y merecidamente ovacionada, profesores y directora, en perfecta comunión, dieron lo mejor de sí tanto en las referenciadas piezas sinfónicas elegidas para la ocasión como en los demás momentos compartidos, igualmente en un no menor acoplamiento, con la gran voz de la Borodina. Qué bien, como (casi) siempre, el concertino de esta formación musical, Rafael Khismatulin.

Y ahora ya sí, vamos a enjuiciar el estreno —confiemos en que no sea la única vez que la vemos por estos pagos— de la mezzosoprano de Leningrado en el Teatro Real de Madrid. Lo primero que pude confirmar en el escenario fue, además de su apabullante presencia escénica, que ya presumía, la perfecta correlación de sus cualidades vocales en vivo con las que ya conocía de ella por medio del disco (cosa que, por desgracia, no siempre es predicable para todos los cantantes, produciéndose en algunas ocasiones un no pequeño “gap” entre su voz grabada y su voz en directo); ¿cómo es, pues, el instrumento de la Borodina? Opulento, ancho, voluminoso, redondo y flexible a la vez —capacitado para el matiz llegado el caso—: dicho de una vez, una mezzo —valga el pleonasmo— verdaderamente grave * (como a un servidor le gusta, vaya).
A toda esta riqueza vocal, en la que no falta un robusto agudo, añadan una fuerza interpretativa convincente y eficaz, sabiendo dar a cada página lo suyo dramáticamente, un fraseo idiomático más que correcto (no siempre presente en sus compatriotas cantantes) y una gran musicalidad, bien que no sin esfuerzo conseguida, y tendremos un retrato (creo) bastante cabal de la artista.
La primera parte del programa, después de abrirse la velada musical con la obertura ya citada de “La gran pascua rusa”, quedó conformada con el cuaderno de Modest Mussorgsky “Cantos y danzas de la muerte”, cuatro canciones concatenadas —“Canción de cuna”, “Serenata”, “Trepak” y “El mariscal de campo”— que, teniendo como denominador común a la muerte en distintas manifestaciones, desde la infantil hasta la militar en el campo de batalla, sirvieron a la Borodina, a más de calentamiento vocal, para dejarnos su, ya significada, deslumbrante tarjeta de visita teatral y canora. Lástima que, para quien suscribe, de manera de sentir y psicología latina cien por cien, nos quedaran sumamente ajenas estas canciones, por lo demás tan bellísimas como angustiosas, dichas por la rusa con pasmosa sobriedad e intención; pan comido, pues.
A la vuelta del descanso, la parte segunda del concierto lírico dio comienzo con una ejemplar interpretación de la popular “Danza de las horas”, como ustedes bien conocen, ballet de “La Gioconda”, y concluida esta preciosidad melódica, toda una “delicatessen”, ópera de la mejor, “Voce di donna”, muy celebrada aria de la Ciega del antedicho título de Ponchielli, y todo un remanso de paz en la convulsa acción de esta obra; qué bien aquí la media voz de la rusa.
Más ópera seguidamente con “Printemps qui commence”, aria punto sosa comparada con la otra emblemática de la misma ópera —“Samson et Dalila”—, ofrecida también, ya a modo de propina, por la diva en su despedida, “Mon coeur s’ouvreà ta voix”, magistralmente cantada, confirmando ser hoy una de las dos o tres mejores intérpretes del personaje.
Tras el último momento sinfónico, ballet “Bacanal” de la misma obra, todo un guiño de complicidad para con el público al incluirse en el concierto la celebérrima “Séguidille” “Près des rempants de Séville”, cantado como corresponde, de modo insinuante, bien que anotásemos algún episódico problema en el agudo que cierra la seguidilla. Justo todo lo contrario de lo ocurrido en “Adriana Lecouvreur” y su “Acerba voluttà”, página solista de la Princesa y última del programa, pues el agudo conclusivo aquí también fue dado con una enorme rotundidad y limpieza.
Ciertamente, perdí la cuenta del número de veces que obligamos a la Borodina, ya consumido en su totalidad el programa y la propina concedida, a salir a escena a saludar y agradecer la muy merecida atronadora ovación de un público entregado a la artista, una mezzo de verdad.
*Su voz y hasta su gesto recuerda un tanto a Irina Arkhipova
Ficha artística:
Domingo 5 de abril de 2007 (20:00)
Teatro Real de Madrid, temporada 2006-2007
Ciclo 'Grandes Voces'
Olga Borodina, mezzosoprano
Orquesta Titular del Teatro Real
Directora: Keri-Lynn Wilson
Programa:
PARTE I
Nicolai Rimski-Korsakov
La gran pascua rusa, obertura Op. 36
Modest Musorgski
Canciones y danzas de la muerte
1. Canción de cuna
2. Serenata
3. Trepak
4. El mariscal de campo
PARTE II
Amilcare Ponchielli
Danza de las horas, de La Gioconda
Voce di donna, de La Gioconda
Camille Saint-Saëns
Printemps qui commence, de Samson et Dalila
Bacanal, de Samson et Dalila
Georges Bizet
Près des remparts de Sèville, de Carmen
Francesco Cilea
Acerba voluttà, de Adriana Lecouvreur
Olga Borodina: 'Mon coeur s' ouvre à ta voix...', aria de Dalila con Samson (casi completa) del Segundo Acto, Escena III, de 'Samson et Dalila', Saint-Saëns.
Samson: Plácido Domingo. La Scala, 2002.

En 'Adriana Lecouvreur' y 'Samson et Dalila
Cómo participar en 'Viva la ópera'
Crónicas anteriores:
1.: 'La comedia è finita!: Baja el telón para la Kabaivanska' (26 de enero de 2004), por Paco Roa
2.: 'La flauta mágica de la Kömische-Oper-Berlin. Versión con personajes y diálogos inventados' (5 de marzo de 2007), por am_zoo
3.: 'Cavalleria' y 'Pagliacci' en el Real: "En 'Pagliacci', se impuso una voz bestial: Vladimir Galouzine" (8 de marzo de 2007), por Allforthemusic
Paco Roa dijo
Magníficas y con exquisito gusto, como siempre, las ilustraciones. Muchísimas gracias, apreciada anfitriona, por su esfuerzo y dedicación a la difusión de la ópera. Atentamente, Paco Roa
26 Abril 2007 | 08:47 PM