«Ainhoa Garmendia (San Sebastián, 1974) se perfila como un nombre importante de en el futuro de la lírica mundial, un escenario difícil, limitado a unos cientos de representaciones en unas decenas de teatros con contados papeles al año. Ha llegado a él a golpe de intuición, desechando el cálculo y escogiendo la oportunidad cuando se presentaba».

—¿Le gustan las actuales propuestas de modificar la época de los libretos: situar la Traviata en la Segunda Guerra Mundial, por ejemplo? ¿Puede ser un intento de modernizar la ópera y acercarla al gran público?

—La ópera es un género que se entiende en un tiempo, en un teatro y en una puesta en escena concreta. Su parte musical es antigua, y lo que cuenta, aunque en ocasiones trate de temas universales y atemporales, necesita de su momento para entender a los personajes, su comportamiento y su psicología. No pasa nada por admitir que la ópera es una expresión artística decimonónica. Su esencia está en los grandes autores, en los grandes libretos, e intentar rescatar aquello pero adaptarlo al momento actual resulta... 'artificial'. Para disfrutar de música moderna, de historias e instrumentos actuales ya contamos con otros géneros. El musical, por ejemplo.