José Bros (Arturo) con Edita Gruberova (Elvira): 'A te, o cara, amor talora...' , cavatina del Primer Acto, Escena V, de 'Los puritanos', Bellini. Gran Teatro del Liceo, 2001.

Entrevista en El Periódico con José Bros.Por César López Rosell:

«El próximo 9 de noviembre se cumplirán 14 años del debut de Josep Bros en el Liceu con Anna Bolena de Donizetti, junto a Edita Gruberova. A partir del 11 de noviembre, el ya internacionalmente reconocido tenor barcelonés y su hada madrina en la ópera volverán a coincidir en el escenario del Gran Teatre con Lucia di Lammermoor, del mismo autor, título que ya han interpretado como pareja en ocasiones anteriores.

Los recuerdos vuelven a la mente de este corredor de fondo de la lírica que llega a la cita con muchos de sus deberes hechos, pero todavía con una gran carrera por delante. Bros, reconocido como uno de los grandes intérpretes del belcantismo romántico, es, aunque él no quiere admitir esta responsabilidad, uno de los relevos de una generación de tenores que, como Domingo, Carreras, Aragall y Kraus, han marcado una época en la lírica española, pero con una sustancial diferencia: Bros vive alejado de todo el aparato mediático que rodea a alguno de los grandes intérpretes actuales y del pasado y sigue, paso a paso, un camino marcado por la evolución natural de su bellísima voz de tenor ligero».

El mejor momento

Josep Bros acaba de llegar al recinto del Gran Teatre tranquilo y sonriente. Le espera una nueva jornada de ensayos, que afronta con la profesionalidad y el espíritu positivo que le caracterizan. Desde que en 1991 inició su verdadera carrera profesional con Don Giovanni y Don Pasquale, en Sabadell, su evolución ha estado marcada por el rigor técnico. "Nunca me he puesto otras metas que las del trabajo serio en el desarrollo de mi voz para hacerla más redonda, más rica y con más peso. Ahora la siento más igual en todos los registros y es algo que he ido persiguiendo siempre", dice.

El tenor afirma que en estos 15 años de carrera, y con ya 40 obras en su repertorio, los personajes que interpreta han seguido el mismo recorrido que los de su evolución personal y profesional, pero al instrumento vocal le ha llegado también el momento de "equilibrio". A los 40 años, a la vida de un tenor que ha cuidado meticulosamente su trayectoria le llega el momento óptimo. "La década entre los 40 y los 50 es, desde luego, la mejor para un cantante de ópera, pero hay gente más joven que yo que está haciendo buenas carreras. Y que les dure. Pero está claro que en la ópera actual se vive demasiado deprisa" , explica, consciente de que no es bueno entrar en el juego de meterse en proyectos antes de tiempo, simplemente "porque otros también lo hacen".

En este sentido, recuerda que rechazó una oferta de Zubin Metha para cantar el Alfredo de La traviata después de interpretar Lucia con dirección del maestro, en Tel Aviv y Florencia, en los años 1995 y 1996. "Fueron citas inolvidables que cambiaron mi manera de representar el Edgardo de Lucia. Con Metha y su manera entregada de vivir la música percibí a un personaje que yo llevaba dentro, pero no había salido. Pero cuando me propuso cantar La traviata en Los Ángeles, dos años después, le dije que aún no había llegado la hora y lo entendió. El reto me llegó en el Real en el 2003. Era el momento justo".

Esta temporada afronta nada menos que cinco nuevas obras. En septiembre debutó con Maria Stuarda, de Donizetti, en Berlín. Cantará también La hija del regimiento, del mismo autor, y El pirata, de Bellini, y Werther y Thaïs, de Massenet, esta última en el Liceu. En medio le esperan La favorita, en Viena, y conciertos de ópera y zarzuela. "Es todo un poco apretado, sí. Pero eran compromisos adquiridos con tiempo y, con orden, puedo asumirlos".

Afirma que no se siente influido por ninguno de sus anteriores iconos operísticos, pero que de todos ha aprendido algo, "incluso lo que no has de hacer". En sus inicios reconoce que escuchaba mucho las grabaciones de Carreras y que después se familiarizó con Aragall y con el trabajo de otros tenores. "Pero lo importante es tener una personalidad propia y seguir un repertorio que esté de acuerdo con la evolución del instrumento vocal".

Edita Gruberova declaraba recientemente que la carrera de cantantes como Villazón y Florez estaba muy bien, pero que Bros los jubilaría a todos. El tenor catalán no se siente especialmente impresionado por opiniones de este tipo: "Creo que es bueno para la ópera que exista el factor mediático. Hay artistas de los que se habla mucho y ello atrae público a las salas. Los conciertos de los tres tenores tuvieron, en este sentido, una influencia positiva para atraer a gente que no conocía la belleza del espectáculo lírico".

El cantante se muestra agradecido a Gruberova. Debutó a su lado en el Liceu en 1992 con Anna Bolena. Le habían propuesto ser cover de Fernando de la Mora y una repentina indisposición del tenor le dio la gran oportunidad de su vida. "Era la primera función de la obra y el debut de Gruberova con el personaje. Críticos y directores artísticos estaban en la platea del Liceu. La repercusión de la actuación de aquella noche me abrió muchas puertas a nivel internacional. Todos me ayudaron mucho, pero especialmente ella", recuerda.

A partir de ese día, Bros y Gruberova compartieron muchas noches en el escenario. Viena, Berlín, Hamburgo, Munich, Zurich les vieron actuar con frecuencia. "En el repertorio del bel canto íbamos siempre juntos. Edita ha sido muy importante en mi carrera y he aprendido mucho a su lado. Su entrega en el escenario y su gran control y dominio de la voz dejan huella".

El tenor vuelve a cantar en el Liceu una obra con la que ya estuvo hace siete años y que le ha servido de pasaporte para muchos teatros internacionales. "Es la que más he representado junto con Rigoletto", dice. Pero no se cansa, a pesar de que lleva 13 años con ella, porque se siente muy a gusto con el personaje.

La trayectoria de Bros le lleva ahora al repertorio francés. Después de hacer Fausto y Manon, prepara el estreno de Werther. Son piezas, dice, con las que se siente identificado, algo importante para enfrentarse a nuevos personajes: "La ópera tiene un proceso artesanal muy bonito. A mí me gusta bucear en grabaciones antiguas, investigar cómo era la época en que fue creada la obra y qué momento vivía el compositor cuando la escribió. Y luego hacer una inmersión en el personaje. Y no es aberrante decir que cuando sales a escena la voz es lo de menos, porque ya va sola".

El tenor catalán se siente afortunado no solo por hacer lo que hace sino porque siempre se ha sentido "bien cuidado" por el público y la crítica. Ha actuado en casi todos lo grandes teatros del mundo, pero no le preocupa que todavía no haya debutado en el Met de Nueva York. "Recientemente me ofrecieron cantar Lucia, pero les dije que tenía otro compromiso. Ya llegará la ocasión. Y es que, como siento ilusión por este trabajo, actúo a gusto en cualquier escenario".

Lo que no soporta es la superficialidad trasladada a escena. "La ópera es el espectáculo más completo que existe y ha de apoyarse en los nuevos medios tecnológicos para renovarla y atraer al público joven. Pero hay que tener cuidado con ciertas versiones de los títulos. Una cosa es actualizar y otra inventarse historias alejadas del libreto. Es lo que he vivido en Berlín con Maria Stuarda. La puesta en escena era talentosa, pero la vida de dos hermanastras que no se soportan no es precisamente la obra".

Vía: El Periódico.com