Entrevista con Pedro Lavirgen publicada en 'La Zarzuela' (revista de la Fundación de La Zarzuela), número 8, 2004.

Niño de la Guerra Civil. Con Andalucía en el alma y Madrid en el corazón. Cosechó sus primeros éxitos en la zarzuela, con la Compañía Lírica Amadeo Vives, de José Tamayo; y sus mayores triunfos en la ópera, en los teatros más importantes del mundo.

Paradojas de la vida: sin el accidente que sufrió de niño en el 36, que le dejó secuelas al caminar, posiblemente nos hubiéramos perdido a este gran tenor de voz cálida, amplia, y entrega absoluta al cantar.

—¿Cuándo se despertó su afición por el canto?

Desde chico. Nací en Bujalance, Córdoba, el 31 de julio de 1930. Cuando estalló la guerra, yo tenía seis años. Recuerdo la estancia con mis padres y hermanos en una aldea a orillas del río Rumblar y próxima a Bailén, donde nos refugiamos. Un día, me caí de una roca, y me lesioné la rodilla. El único médico que encontramos, muy viejito, le dijo a mi madre: "Lo único que usted puede hacer es que su niño tome baños de sol". Mi madre me preparó una manta en el suelo y un sombrajo, y ahí pasaba las horas. Durante todo ese tiempo, yo me dedicaba a cantar y a inventarme canciones.

—¿Fue entonces cuando decidió que quería ser cantante?

A esa edad, yo no tenía ni idea de lo que era cantar. Pero me pasaba todo el día cantando, y tenía siete años. Yo creo que ahí ya pensé: ¡Yo quiero cantar! Quizás, sin el accidente no hubiera surgido espontáneamente esa afición. Hubiera hecho como mis seis hermanos, corretear de acá para allá, buscar hierbas comestibles que luego mi madre cocinaba, lagartos, gatos… Era muy difícil conseguir comida. Cuando divisaba algo por las colinas, hacía bocina con las manos y les gritaba con todas mis fuerzas: "¡Por allá hay una lata que brilla, ved lo que es!". Creo que ahí ya empecé a vocalizar.

—¿Cómo definiría su voz?

Para no pecar ni por exceso ni por defecto, suelo decir que tengo una voz lo suficientemente buena como para hacer una carrera. A esto hay que sumarle un mínimo de talento para manejar esa voz, para sentir las emociones musicales que los autores plasmaron en sus obras y ser capaz, además, de transmitirlas a quien te está escuchando. Si te falta alguna de estas cualidades, no puedes hacer una carrera a nivel internacional.

Yo siempre establezco una pequeña división. Están los divos, que pueden contarse con los dedos de una mano (Carreras, Domingo, Pavarotti...) y, luego, un ejército de buenos cantantes, buenos profesionales. Yo me incluyo en ese ejército. Porque los divos no son divos por haber cantado en los grandes teatros: ¡nosotros también hemos cantado en esos mismos teatros!

—¿Qué funciones recuerda con mayor emoción?

He debutado con éxito en los teatros más importantes del mundo: La Scala de Milán, el Metropolitan de Nueva York, el Colón de Buenos Aires, la Arena de Verona, La Ópera de Roma…, pero mis mejores recuerdos son de Barcelona. En el Liceo he vivido noches memorables, con un público entusiasmado que ha entendido mi entrega y mi honradez cantando y me lo ha premiado con grandes ovaciones.

—¿Y qué otros momentos estelares?

Serían muchos, pero por citar alguno, mi primera 'Carmen' con Teresa Berganza e Illeana Cotrubas en el rol de Micaela, en el Festival de Edimburgo del año 79, con la London Sinfony y Claudio Abbado en el podio. Aun así, mis mejores recuerdos siguen siendo los 20 años que canté en el Liceo. El 12 de diciembre del 64 debuté con 'Carmen' en el gran coliseo de Barcelona, junto a Inés Rivadeneira; fue algo tan memorable que aún lo recuerdo con emoción. En el Liceo hice también 'Don Carlo', 'Doña Francisquita', 'Turandot', 'L´amore dei tre re', 'La forza del destino', 'Lucia di Lammermoor', 'Otello'... Tuve un gran éxito con 'Il Trovatore', 'Aida', 'Cavalleria rusticana', 'I Pagliacci'..., pero con 'Carmen', el público se volcaba.

—¿A qué personaje recuerda con más cariño?

Don José, de 'Carmen', es el que más satisfacciones me ha proporcionado. Pero sería un poco ingrato si me olvidara de Radamés. En una de las temporadas, del total de las óperas que canté, la mitad, cerca de 40, fueron 'Aida'. Y con 'Aida' debuté en La Scala de Milán, junto a Montserrat Caballé y Piero Capuccilli.

—¿Qué óperas considera clave en su carrera?

He cantado 'Rigoletto', 'Lucia', 'La bohème', 'Aida', 'Il Trovatore', 'Cavalleria', 'I Pagliacci', 'Tosca', 'La forza del destino', 'La Dolores', 'Madama Butterfly', 'Turandot', 'Un ballo in maschera', 'Otello', 'Samsom et Dalila'... —estas dos últimas, pertenecientes al tenor dramático puro—, pero mi vida fueron 'Carmen', 'Aida', 'Il Trovatore', 'I Pagliacci' y 'Cavalleria'. 'Andrea Chénier' también era un éxito seguro. Canté algo en francés, pero el pan de mis hijos ha sido gracias a Verdi, Puccini, Leoncavallo, Giordano, Mascagni…

—Tiene fama de tenor apasionado. ¿Influye su carácter en ello?

Cuando estoy sobre un escenario, me identifico por completo con el personaje que estoy interpretando, SOY ese personaje. Pero mi espíritu, mi temperamento, mi emotividad expresiva, los proyecto en mi vehemencia al cantar y traslado esa fuerza a mis personajes. Sólo si sientes de verdad lo que estás cantando, eres capaz de transmitir emoción y llegar al público.

—¿Y esa emoción la ha sentido siempre?

Siempre. Con 'Otello', 'I Pagliacci', 'Carmen'..., con todas las óperas que he cantado. Recuerdo una 'Carmen' en el Liceo junto a una mezzosoprano rumana bellísima, Helena Cernei. Cantaba, muy bien, pero emocionalmente, apenas aportaba nada suyo al personaje. Cuando canté: "Ustedes me pueden arrestar. Yo he sido quien ha matado a esta mujer, a esta mujer que yo adoraba…", me emocioné tanto que se me escaparon las lágrimas. Cae el telón, ayudo a Carmen a incorporarse, saludamos al público, ella me da un beso para felicitarme y nota mi mejilla húmeda. "¡Pero si es verdad que te has emocionado!", me dice. "Claro que es verdad" —le respondí—, ¡pero cómo no va a ser verdad!

Montse Román

En su opinión, "en conjunto, el tenor más completo que ha dado España ha sido Plácido Domingo. El más longevo, el de mayor resistencia, el de mayor talento artístico, el mejor músico de todos".

Sus representaciones en 'Carmen' superan las 200. Por el dramatismo y la fuerza con que encarnaba a Don José, muchos críticos lo compararon con el divo Miguel Fleta.