«La soprano llega esta noche al Auditorio, con un año de retraso, para interpretar obras de Mozart, Esplá, Toldrá y Montsalvatge, acompañada por el pianista Maciej Pikulski».

—En este mundo de la ópera parece que siempre se necesitan padrinos para empezar, sin embargo usted ha viajado ligera de equipaje...

—Por suerte nunca he necesitado padrinos. Teresa (Berganza) naturalmente me ha apoyado, pero me ha apoyado en la manera que ella podía hacerlo, hablando bien de mí. Con mi voz y, por decirlo de alguna manera, mi talento, he salido adelante.

—¿Por qué le abrieron esas puertas?

—Creo que iba muy bien preparada. Mi carrera en realidad había comenzado mucho antes, estuve diez años estudiando.

—¿Cuáles han sido los momentos más emocionantes de su carrera?

—Los momentos de mayor emoción son los que se producen al comienzo de tu carrera. Comencé muy pronto en los grandes teatros. Canté muy pronto en la Scala, en la Bastilla, en Marsella, en el Covent Garden, un poco más tarde en Nueva York. Fueron teatros en los que se me fueron abriendo las puertas muy pronto y entonces todos esos recuerdos son inolvidables. En la Scala por ejemplo, en el vals de Musseta, que no se aplaude normalmente, a mí me aplaudieron. Pero también lo recuerdo porque había muchos amigos que me lo recuerdan. Yo no era consciente probablemente en esos momentos de lo que estaba ocurriendo. Tenía entonces 31 años y era para mí una cosa mágica.

Miguel Ángel Nepomuceno Diario de León