Birgit Nilsson, durante la grabación de 'El crepúsculo de los dioses', Wagner. Estudios Decca. Viena, 1964.
Así contó la anécdota la mismísima Nilsson:
"Cuando la grabación de 'El Crepúsculo de los Dioses' se acercaba a su fin, no se me vino a la cabeza que me pudieran hacer una nueva broma, dada la presencia de la televisión y todo eso. Pero aún así me sorprendieron una vez más.
Cuando luego de una larga y agotadora grabación por fin llegamos a la escena final, el clímax operístico final, teníamos el aliciente de cumplir con la hazaña. Cuando yo, con gran entrega, le cantaba a Grane (mi fiel corcel que me llevaría a las ardientes llamas que luego consumirían el Walhalla) hizo su entrada un caballo lleno de vida, ¡caminando tranquilamente por el escenario! No se dejó impresionar ni por los fortissimo míos ni los de la orquesta, ni tampoco por el derrumbamiento del Walhalla.
El caballo consideró que la situación estaba completamente en su orden y él (el caballo) era seguramente wagneriano.
En el Teatro Colón de Buenos Aires tuvimos la dicha de verle en dos tetralogías (1962 y 1967).Ella era una maravillosa Brunilda de gran presencia escénica y de radiante voz. Una noche de 1967 caía sobre Buenos Aires una tormenta terrible. Brunilda-Nilsson se adelantó antorcha en mano para rematar su impresionante inmolación y preparar la pira de Sigfrido (Windgassen) cuando al emitir uno de sus espectaculares agudos,cae un rayo en la cúpula del Colón que retumba en toda la sala. Ella levantó la vista y abrió ambos brazos dando mayor fuerza épica al instante. Birgit comentó con sus homéricas carcajadas mientras firmababa autógafos. ¡Dios mío,qué realismo!me sentí una diosa!
La escenografia, mejor dicho, los efectos especiales, le salieron gratis al Colon... jejejeje