"Con profundo pesar te participo que tu pobre madre ha dejado de existir. Te acompaño en tu legítimo sentimiento. Gregorio".

Así rezaba el telegrama que recibió Julián Gayarre desde España cuando se disponía a cantar el segundo y último acto de L'elisir d'amore, de Donizetti, que incluye una de las romanzas de ópera más famosas: 'Una furtiva lacrima'.

Gregorio, Gregorio Garjón, era su primo, que fue como un hermano para el tenor. Cuentan que el telefonema quedó abandonado en el suelo del camerino y que la noticia corrió de murmullo en murmullo desde las primeras filas del teatro hasta el gallinero.

Era el 20 de septiembre de 1869. Tenía 25 años. Se encontraba en Varese, Italia. En esos momentos, era tan sólo un desconocido tenor español que intentaba despuntar en la cuna del bel canto. Como muchos otros tenores españoles, también de origen humilde: de niño fue pastor; a los quince años, hortera (dependiente); a los 16, herrero.

Termina de cantar la romanza, y el público aplaude entusiasmado. Dijeron las crónicas que el sentimiento con que aquella noche cantó 'El Ruiseñor del Roncal', por supuesto, para su madre, fue tan grande como las furtivas lágrimas que no pudo detener.

Casualidades de la vida. El propio tenor decía que su madre le ayudó incluso hasta después de muerta: "Nunca, nunca jamás, volveré a cantar como aquella noche. Mi buena y santa madre me parió dos veces: primero a la vida, después al arte".

Falleció joven, a consecuencia de la gripe que venía de Rusia, más conocida como 'dengue' o 'trancazo'. Le faltaba una semana para cumplir los 46. Los científicos no pudieron resistir la tentación de averiguar qué tenía Gayarre en la garganta para cantar como los mismísimos ángeles.

Descubrieron entonces que su 'bocado de Adán' (el cartílago tiroides) poseía una longitud extraordinaria, que su laringe era más grande de lo normal, asimétrica con respecto a su eje longitudinal y con un pequeño tumor en las cuerdas vocales.

¿Favoreció o perjudicó a su voz que ese tumor vibrara a dos mil veces por segundo cuando cantaba? Nos moriremos sin saberlo.

Visité hace unos años Roncal. En la Casa Museo de Gayarre, aún se conserva embalsamada su laringe. De su voz, desafortunadamente, no existe ni una sola grabación. Pero quienes lo escucharon cantar dijeron que fue el tenor más grande de todos los tiempos.

Aquí pueden escuchar esa célebre romanza en la voz de Alfredo Kraus, Enrico Caruso y Juan Diego Flórez.

La de Caruso es la más famosa. La de Kraus, para mí, es la mejor. Y del peruano Flórez, qué quieren que les diga: ¡si es que lo tiene todo!

Quédense con la que les plazca. Pero, por favor, no lloren.

(La casa que el tenor roncalés regaló a sus padres. En la actualidad, Casa Museo Julián Gayarre)

Un jovencísimo Kraus protagoniza la película 'Gayarre' en 1958: escena del telegrama, y la 'lágrima'.