«¿Voces? Bien, bien. Más o menos. Un tenor ligero de voz muy hermosa pero cortita para Belmonte, Eric Cutler. Para lo que tiene que hacer, valía. Otro tenor, éste poderoso, casi heldentenor wagneriano, para el gracioso Pedrillo, Wolfgang Ablinger-Sperrhacke. Una Blondine sencillamente espléndida: la española Ruth Rosique, que tiene un color vocal impagable y unas grandes dotes de actriz; un muy aceptable Osmin en el bajo norteamericano Eric Halfvarson, que se estrenaba en el papel y que lo hizo casi todo bien. El 'casi' es que el personaje, el moro malo y bobo Osmin, tiene que dar mucha risa… y Halfvarson no tiene gracia. Canta muy bien, llega a las terroríficas notas graves con espectacular solvencia (casi siempre), pero con este hombre no se ríe nadie, por más esfuerzos que haga. Y los hace, ¿eh? Desde luego que los hace.
La soprano… Ay, la soprano. Konstanze es uno de los papeles más canallas que Mozart escribió en toda su vida. Es terrorífico, no sólo por las agilidades vocales sino por la interpretación que se exige a la cantante. Mozart escribió ese papel para la sobrehumana Caterina Cavalieri, que era –dicen– un fenómeno del tamaño y de los poderes vocales de la Caballé. La italiana Desirée Rancatore no es eso. Ni mucho menos».