Vivica Genaux: 'Qual guerriero in campo armato', aria compuesta por Riccardo Broschi, en su ópera 'Idaspe', para su hermano Carlo Broschi, el célebre Farinelli, y reciclada después por Vivaldi en su ópera 'Bajacet' (aria de Irene, Acto I). 2004.
Comentaba Sparafucille (gracias mil):
En la versión de Bajacet de Vivaldi dirigida por Fabio Biondi, Vivica Genaux canta el papel de Irene de Trebisonda (dicho sea de paso, el plantel que la acompaña es tremendo: la bellísima Elina Garanca, Patricia Ciofi, Marijana Mijanovic, Ildebrando d'Arcangelo y David Daniels). Acompaña a los dos cedés de la ópera un DVD promocional con diversas escenas de la grabación, en el que cada cantante interpreta un aria de esa ópera. Vivica canta una espectacular "Qual guerriero in campo armato", con un sorprendente movimiento de mandíbulas y de labio superior, que roza lo caricaturesco, pero no resta un ápice de calidad a la sensacional interpretación vocal. Leí hace ya tiempo en una entrevista que mucha gente le pregunta si son gestos técnicos, para mejorar la colocación y la emisión de la voz, y dijo que no, que era algo sin ninguna relación consciente con los efectos vocales que realiza, y que lo hace desde hace tiempo de forma espontánea. En la ópera, además, Genaux se marca unas imponentes "Sposa, son disprezzata" y "Son tortorella". En fin, ópera de obligada e inexcusable audición.
"De cómo una chica de Alaska se convirtió en cantante de ópera"
Por Vivica Genaux:
"Una de las preguntas que se me hace frecuentemente en mis viajes es "¿Cómo fue que una niña de Fairbanks, Alaska, decidió transformarse en una cantante de ópera?
Cuando uno piensa en Alaska, lo primero que viene a la mente es el frío invierno. En Fairbanks, donde nací y me crié, el invierno dura al menos 9 meses y generalmente las temperaturas son de 45 a 50 grados centígrados bajo cero durante Diciembre y Enero. Pero el frío no es lo único a lo que nos enfrentamos en invierno. Al ser tan septentrionales, apenas a 160 mil kilómetros al sur del Círculo Ártico, el sol apenas nos da 3 horas y 20 minutos de luz diariamente.
Cuando crecía, muchos edificios públicos no tenían muchas ventanas, para así aislar mejor, por lo que era completamente normal el levantarse para ir al colegio antes de que saliera el sol, estar todo el día en una sala sin ventanas y luego regresar a casa a las 2.30 pm cuando el sol ya se había puesto. Recuerdo haberme sentido muy triste cuando terminaba el verano porque sabías que quedaban nueve meses de frío y oscuridad.
Pero el invierno también es muy hermoso en Alaska. No tenemos humedad, por lo que el aire es fresco y refrescante y no húmedo y opresivo, y la nieve es seca y brillantemente blanca, decorando los árboles. Cuando el sol se levanta, tenemos un amanecer y un atardecer con fantásticos colores en el horizonte, donde domina el lavanda y el rosado con algunos toques de naranja que se reflejan sobre la nieve. Durante las horas oscuras también tenemos las luces de la Aurora Boreal, que parece una delicada cortina flameante de luces azules y verdes en el cielo. Si puedes soportar el frío, ¡es algo maravilloso de ver!
A pesar de que el invierno dura nueve meses, tenemos tres meses de un respetable verano, con temperaturas que incluso pueden alcanzar los 30 ó 35 grados centígrados de vez en cuando. Los veranos son alucinantes en Alaska. Mientras en los meses de invierno la luz del sol es muy escasa, el sol de verano apenas se sumerge en el horizonte, cuando está de vuelta otra vez en el cielo. Las plantas crecen muy rápido para aprovechar al máximo la corta temporada; ver todas las flores y hojas verdes otra vez después de un largo invierno es maravilloso.
La mayoría de los residentes de Fairbankslive viven en un radio de 50 millas del área céntrica, por lo que las casas individuales generalmente están muy aisladas unas de otras. Casi todo el transporte local se hace en auto (aún quedan muchas personas que andan en trineos tirados por perros, pero sólo lo hacen por deporte) y convencer a un automóvil de partir en invierno con temperaturas de 40 grados centígrados bajo cero ¡requiere algo de persistencia! Nuestros autos vienen equipados con un circuito eléctrico que debe ser encendido al menos media hora antes de usarlo, para así evitar que el aceite se congele. Muchos estacionamientos públicos tienen varios postes con salidas eléctricas que permiten que une enchufe el auto mientras se hacen las diligencias diarias.
La oscuridad, las bajas temperaturas y el total aislamiento pueden hacer de los inviernos de Alaska difíciles de enfrentar. La gente a menudo sufre de depresiones severas en invierno o se enferma de lo que llamamos la “fiebre de cabina”, una sensación de estar atrapado en el propio hogar. Debido a estos peligros hay un gran sentido de comunidad en Alaska. Casi sentimos que somos una gran única familia. La gente se saluda una a otra constantemente para asegurarse que el otro está bien; si el auto de uno tiene problemas uno puede dar por hecho que el primer auto en pasar se detendrá y lo ayudará.
La gente es muy preocupada del resto. Recuerdo haber estado conversando con un amigo acerca de su sentimiento de familia extendida y él me contó que siempre lo notaba, especialmente cuando había estado fuera del estado y regresaba a Alaska. En la sala del aeropuerto donde se espera el vuelo a Fairbanks me contó que una vez una señora le tendió su bebé mientras le preguntaba si acaso podía cuidarlo mientras ella se levantaba e iba al counter. Yo no puedo imaginarme eso en casi ningún lugar del mundo y es un gran ejemplo de la cercanía que se da en la comunidad en la que crecí.
Las artes desempeñan un importante rol en la vida invernal. Fairbanks cuenta con una orquesta sinfónica voluntaria, varios coros que interpretan desde jazz hasta cantos madrigales, el Fairbanks Light Opera Theater, que produce musicales americanos u operetas de Gilbert y Sullivan usando a miembros de la comunidad en el reparto y en el equipo de producción, varios grupos de danza incluyendo la típica moderna, ballet, jazz y tap, ¡así como danza africana, danzas del medio oriente y la danza Hula Hawaiana!
Mientras crecía en Fairbanks, aprendí mucho con las actividades extra curriculares, tocando el violín y el piano, estudiando ballet y jazz dance y cantando en un coro de jazz junto a una Big Band. Siempre consideré a la música y la danza como un hobby mientras crecía, ¡pero un hobby que tomaba más del 75% de mi vida!
También pude hacer otras actividades divertidas como andar en trineos tirados por nuestros tres perros. Un equipo completo normalmente consta de alrededor de 16 perros, pero nuestros tres malemutes siempre estaban dispuestos y con ganas de salir a correr y podían casi despegar sobre todo si veían algún alce o un zorro por ahí.
A pesar que Fairbanks es bastante aislado, casi a 560 kilómetros de la ciudad de Anchorage, la más grande de Alaska, muchas personas se sorprenden al saber la cantidad de cantantes internacionales que han venido a dar conciertos. Mientras yo crecía, el espacio aéreo sobre Rusia estaba cerrado para tráfico internacional, por lo que muchos de los viajes a Oriente tenían que hacerse sobre el Polo Norte, se detenían en Anchorage para abastecerse de combustible y luego continuar hacia su destino final. Las organizaciones artísticas en Alaska en general se las arreglaban para convencer a los artistas que viajaban al Oriente a que hicieran una parada en Alaska para dar conciertos en Anchorage y Fairbanks, que se encuentra a sólo 50 minutos en avión.
Esto significaba que Fairbanks tenía la oportunidad de ver la compañía de danza de Martha Graham, a Jean Pierre Rampal, el Ballet Folklórico de México, los Bronces Imperiales, el Cuarteto de Jazz Moderno, Cab Calloway y cualquier número de artistas contemporáneos que iban hacia el Oriente. Mi exposición a las artes probablemente fue mayor viviendo en Fairbanks a la que hubiera tenido viviendo en ciudades como Nueva York o Chicago, porque los precios de las entradas no eran muy altos y sólo había un evento a la vez, por lo que era casi seguro poder asistir.
Sin embargo, a pesar de disponer de casi todos los tipos de artes en Fairbanks, no había muchas oportunidades para ver o actuar en una ópera. Me interesé por primera vez en cantar ópera cuando tenía trece años.
Mi padre es profesor de bioquímica, ahora retirado, pero mientras yo crecía él se tomaba vacaciones cada siete años para así poder investigar. Estuvimos un año en Bruselas cuando yo tenía 5, luego 6 meses en Japón y 6 meses en Texas cuando tenía 13. Antes de irnos de Japón, supe que un campamento musical para estudiantes iba a interpretar My Fair Lady, de Lerner y Loewe, en Fairbanks. Por alguna razón, me obsesioné con la idea de tener el papel de Eliza en la actuación.
Convencí a mi madre para que me buscara una profesora de canto mientras estábamos en Galveston, Texas, y en mi preparación para la audición de My Fair Lady, mi profesora, Dorothy Dow, también me dio arias de La Bohème de Puccini, de Cosi fan Tutte de Mozart y de Fausto de Gounod. A pesar de que no hablaba ni entendía el italiano y el francés en ese momento, realmente me enamoré de la idea de cantar ópera. Tal vez es similar al sentimiento que otros tienen cuando se ejercitan o cuando hacen algún entrenamiento físico. Para mí, es casi un trabajo de meditación con el cuerpo y me preocupé de estudiar cada día, vocalizando y preparando repertorios.
Estuve 3 meses estudiando con la señorita Dow y luego regresé a Fairbanks donde audicioné para el papel de Eliza y ¡lo obtuve! Era mi primera experiencia en el escenario y amé cada minuto de esa experiencia. Estuve tanto tiempo en el teatro como me fue posible, ayudando a construir el escenario o cualquier cosa que se necesitara para el show. Recuerdo esta experiencia casi como si hubiera sucedido ayer y sigue siendo uno de los momentos más lindos de mi vida hasta el día de hoy.
Después de My Fair Lady, seguí cantando en coros, pero no seguí con estudios de canto, como había sugerido la señorita Dow diciendo que todavía era muy joven y que podía desarrollar malos hábitos que podían dañar mi voz si no era muy cuidadosa. Canté jazz, madrigales, corales clásicos, cualquier cosa disponible y amé los distintos tipos de música en los que podía participar. Un grupo con el que actué, una Big Band, ensayaba a las 7am, antes de entrar al colegio, ¡y yo lo amaba aun cuando fuera tan temprano en la mañana!
Al graduarme del colegio, postulé a la Universidad de Rochester, en Nueva York, para estudiar Biología. La señorita Dow me había recalcado que estudiara algo más que canto, ya que según ella el canto era un negocio muy riesgoso donde toda la carrera dependía de dos pequeños músculos en la garganta. Ella era muy firme en la idea de que yo tuviera una buena educación que me preparara para otra línea de negocios en caso que la música no resultara para mí. Después de graduarme, ella me dijo, recién debía decidir si acaso quería volver a estudiar Música. Traté de tomar su consejo, pero era muy infeliz como Bióloga.
Aún tenía algunas actividades musicales extra curriculares, pero nada comparado con lo que había dejado en Fairbanks. Extrañaba mucho a la música y finalmente decidí cambiarme a la Universidad de Indiana para estudiar Canto. Ahí tuve la buena suerte de estudiar con Nicola Rossi-Lemeni y con Virginia Zeani y así comencé a aprender lo que significa convertirse en cantante de ópera.
Estar en la Universidad de Indiana fue una experiencia desafiante, pero también muy reconfortante. Yo era una de las estudiantes más jóvenes de mi clase y recuerdo haberme sentido muy insegura y nerviosa. Nunca antes había visto una ópera, por lo que realmente no tenía idea alguna de qué preparación se requería además del más obvio de los requisitos que era saber cantar. Cuando mi profesora me asignaba una nueva aria para estudiar, yo no tenía idea a qué ópera correspondía, quién era el compositor, o cómo encontrar la música y estaba demasiado petrificada con los otros estudiantes como para pedirles ayuda.
Lo que inevitablemente seguía era una visita de tres horas a la biblioteca donde buscaba cualquier cosa en el catálogo que remotamente tuviera relación con lo que yo estaba buscando. No hay necesidad de decir que probablemente aprendí más de esta manera que si hubiera pedido ayuda, ¡pero era un proceso muy desalentador!
En la Universidad de Indiana estudié para soprano, a pesar de que habían discusiones de si yo era mezzo o soprano. Continué siendo soprano principalmente porque la señorita Dow siempre me dijo que yo era soprano y porque en el repertorio de mezzo yo sólo conocía dos papeles: el de Rosina en El Barbero de Sevilla y Carmen, que yo sabía que también podían ser cantados por sopranos, por lo que no le veía mucho sentido a ser mezzo.
Al graduarme de la universidad aún no tenía las cinco arias que son requisito para asistir a audiciones. Estuve un semestre extra para estudiar con la señorita Zeani, y a mediados del semestre mientras tenía clases con ella, cantaba “Come scoglio” del Cosi fan Tutte. Este aria tiene un gran rango, incluyendo notas muy graves. Yo realmente lo estaba pasando muy bien con esas notas bajas y tal vez las recalcaba demasiado, lo que hizo protestar a la señorita Zeani “¡Pero querida, si tú quieres cantar así tú debes ser una mezzo soprano!”.
Quedé destrozada, sobre todo porque ya me había graduado y porque ya había pasado la mitad del tiempo que me había dado a mí misma para prepararme para las audiciones. Cambiarme ahora a mezzo soprano significaba empezar todo desde el comienzo. Aprender nuevos repertorios y tratar de hacer una carrera como mezzo era algo que hasta donde yo sabía era casi imposible. Estuve tres días pensando en transformarme en mezzo y estaba tan alterada que apenas podía dormir.
Fui a la biblioteca de música y escribí todos los papeles de mezzo soprano y los nombres de todas la grabaciones de óperas de mezzo que había en la colección de la universidad. Al final de mi búsqueda me di cuenta que tenía seis hojas con roles y sus intérpretes; mi impresión inicial de que sólo habían Carmen y Rossina fue desechada. Pensé en cuando tocaba violín en Fairsbank y recordé que siempre detesté tocar como primer violín; siempre había preferido las partes armónicas internas que tocaba el segundo violín, y que siempre había soñado con tocar la viola, que tenía un registro más grave y aterciopelado que el violín.
Cuando canté en los coros de Alaska, siempre quise cantar las partes de las segundas sopranos, e incluso las de las contraltos. Luego, cuando comencé a mirar los roles que había escrito durante mi búsqueda en la biblioteca me di cuenta que no era sólo una diferencia en el registro sino que también había una diferencia en las características de los personajes.
Mientras me había frustrado por papeles de soprano como Mimì en La Bohème o Violetta en La Traviata, mujeres que siempre se mostraban como víctimas débiles y sin poder, las mezzo sopranos eran personajes que ponían al resto en problemas (como Amneris en Aida, que nunca cantaré, pero siempre admiraré) o manipulaban a otros personajes mientras ellas hacían lo que querían (como Isabella en L’Italiana en Algeri de Rossini, uno de mis personajes favoritos).
La señorita Zeani me había preguntado unos años antes si acaso yo “me sentía una soprano o una mezzo soprano” y yo no tenía idea de qué significaba eso en ese instante de mi vida. Ahora se hacía claro para mí que me sentía una mezzo soprano y cuando esto se hizo evidente todo empezó a cuadrar.
Ya estaba lista con cinco arias para audicionar dos semanas después de estudiar como mezzo soprano y fui aceptada por dos programas de estudios de verano. Elegí ir a Italia a un programa llamado EPCASO (Ezio Pinza Council for American Singers of Opera) y estudié con Claudia Pinza, hija de Enzio Pinza.
Yo ya había estado en Europa varias veces, pero nunca había estado en Italia e inmediatamente me enamoré del país y de su gente. Regresé a estudiar con el programa EPCASO los siguientes cinco veranos, incluso después de haberme iniciado como cantante profesional y fueron esos estudios la base de mi preparación profesional. Aprendí acerca de la cultura italiana, aprendí el idioma y continué preparando el repertorio de mezzo soprano.
Como comencé con repertorios en italiano, la inmersión en la cultura italiana fue muy importante para mí, especialmente al venir desde Alaska, donde la cultura es tan diferente. En Alaska el rasgo más importante es tal vez la resiliencia, donde el estilo y la belleza física no son muy necesarios. Siendo una niña que venía de una sociedad bastante tosca tuve que aprender mucho de la cultura italiana, de su tradición y estilo.
Era sorprendente ver, mientras estudiaba, El Barbero de Sevilla donde los personajes como Fígaro o el doctor Bartolo aún existen en algunas calles de Italia. Todos los matices que son tan típicos en las conversaciones italianas eran totalmente nuevos para mí y realmente me preocupé de observar cómo las diferentes clases o relaciones entre las personas influían sobre la manera en que conversaban entre ellos. Era, y sigue siendo, fascinante el sentarme en un parque o en un restaurant, donde quiera que esté, nada más que a mirar a las personas interactuar. Cada país tiene sus diferencias, algunas más sutiles que otras, ¡pero siempre son interesantes!
He cantando profesionalmente por casi diez años y a veces pienso acerca de lo increíble que es que una niña nacida en Fairbanks, Alaska, haya tenido las fantásticas oportunidades que yo tuve. He descubierto que si uno le pregunta a un cantante como fue que él o ella llegaron a la ópera, siempre tienen una historia única que contar, sin importar de donde vienen. Me siento muy afortunada de haber nacido y crecido en Fairbanks, y sin importar cuánto disfrute viajar, sigue siendo el único lugar donde realmente me siento en casa".
Traducción: Verónica Platoni
Vía: Clásica y ópera