La Coctelera

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El blog de lagioconda

Categoría: "1. Viva la ópera"

25 Mayo 2007

'Viva la ópera' (5): '¡Qué noches las de Berlín!': Netrebko, Abbado y András Schiff

Reportaje de am_zoo. Un reportaje tres_en_uno al que no le falta de nada: vidilla, mucha vidilla; fotografías y vídeo. Todo de su autoría.

Sé que algunos de ustedes piensa que exagero cuando me refiero a él como 'nuestro corresponsal en Berlín', pero nada más lejos. Estudia en Berlín, nos envía sus crónicas desde Berlín y se lo está pasando como un enano... en Berlín (es un decir, calza un 45).

La crónica de hoy trata de la última (que se sepa) de sus aventuras berlinesas: un fin de semana entero, con sus días y sus noches, disfrutando a tope de música de la buena (y de vez en cuando de una buena cervecita).

Así lo vivió y así nos lo rebobina ahora, como si lo estuviera viviendo en el mismito momento en que nos lo está contando. Y tampoco exagero nada.


'¡Qué noches las de Berlín!': Netrebko, Abbado y András Schiff

El pasado fin de semana (o el fin de semana del 18 al 20 de mayo) fue el mejor fin de semana desde que estoy en Berlín, y, con toda seguridad, el mejor fin de semana de toda mi estancia en la capital alemana, además de ser la síntesis perfecta de lo que he venido a buscar aquí: música.

Hablaré de música sinfónica, ópera y música de cámara. Hablaré de todo el fin de semana, intentando transmitir todas las sensaciones vividas y cómo iban acumulándose a los largo de los tres días. Espero tener la suficiente capacidad de síntesis para contarlo todo con claridad y no extenderme.

El finde empezó el viernes, 18 de mayo, sobre las seis de la tarde. Esa tarde (y los dos días siguientes) dirigía la Berliner Philarmoniker el que fue su director titular desde 1989 hasta 2002: Claudio Abbado. He ido a los teatros a ver ópera y ballets, a conciertos de cámara, a ver grupos de rock, pop, jazz. He intentado ir a ver a toda figura artística-musical que me gusta. Pero la Filarmónica es la razón musical de más peso por la que elegí esta ciudad. Demasiados discos, vinilos, imágenes... Demasiados “mitos” en torno a ella. Y todo se lo ha ganado a pulso. ¡Lo juro!

He visto dirigir a Zubin Mehta, Pierre Boulez, Seiji Ozawa, Daniel Barenboim, Mariss Jansons, Bernard Haitink y Sir Simon Rattle, y no pensaba irme de aquí sin ver dirigir a Abbado.

Para ver a cualquier director o intérprete que venga invitado a la Filarmónica no es difícil conseguir entrada, además,a precios asequibles. Pero Abbado es mucho Abbado en Berlín, y las entradas volaron el mismo día que salieron a la venta.

—Bueno, no pasa nada. El día del concierto me planto en la taquilla a ver si consigo una entrada de pie (las sacan a la venta el mismo día del concierto), y, si no, pues..., pues reventa (aunque me joda mucho). Pero yo no me quedo sin ver a este tío.

Día 18 de mayo. Allí me planto. Una cola larga.

—Uf, me voy a quedar con las ganas... Y mañana me gustaría ir a Bebelplatz, ¡y el domingo no puedo!

Abren la taquilla. La cola empieza a avanzar. Quince minutos como mucho. Se acabó. Viene un tipo y dice: "Las entradas de pie se han agotado para los tres días. Pueden esperar por si salen entradas" (No sé si de reservas anuladas, protocolo que no acude.... no lo sé).

Vale. Espero en la cola.

Soy el número nueve en la cola. Hay gente que empieza a moverse buscando reventa. Una mujer dice que no está dispuesta a pagar 80 euros por una entrada de 15. Yo no me muevo de la cola. Muy chulo yo con que compro en la reventa, pero... ¡que va! ¡Ni de coña! ¿Y si me timan? Hay gente que se va, gente que compra en reventa. Al final me quedo el quinto en la cola.

19:50 h. Faltan diez minutos para el concierto. Se acerca el tipo de la taquilla y dice: "Hay una entrada por 25 euros". Los cuatro que tengo delante van juntos. "No, gracias", les oigo responder.

El siguiente soy yo.

—¡¡¡Síííí!!!

Paso, compro la entrada. Estoy excitadísimo. Hubiese gritado de emoción como nunca lo hubiese hecho. Entro, cojo el programa, busco mi asiento y a los dos minutos se atenúa la luz y empieza el concierto.

La primera parte tocan un concierto para violín, cuerda y bajo continuo (reconstrucción del concierto para cémbalo BWV 1052), de J. S. Bach, y el concierto para violín e instrumentos de viento Op. 12 de Kurt Weill. El solista fue Kolja Blacher, Konzertmeister de la Filarmónica durante la época de Abbado como director titular. La segunda parte tocaron la 3ª sinfonía de J. Brahms.

El sonido y la manera de tocar de la orquesta dirigida por Abbado es espectacular. Es increíble cómo puede cambiar tanto de un director a otro. Con Haitink, por ejemplo, la orquesta es perfecta, pero fría. No te transmite; notas distancia.



Sin embargo, con Abbado, o con Rattle, notas la entrega de los músicos, todo se multiplica y lo escuchas todo tan claro y tan sencillo que te ruborizas. La diferencia entre todos los matices, los planos sonoros, el empaste de la orquesta. Es increíble. Lo único que puedes hacer es quedarte sentadito y entregarte a la avalancha musical que te va a caer encima, intentar captar todo lo que puedas, y disfrutar. E intentar no perder la cabeza. Exagerado, pensaréis, pero así es. El día que escuché a esta orquesta dije: "Pues sí, la perfección existe".

Después de ese concierto, una buena cerveza de trigo y una noche insomne con una sonrisa imborrable en la cara, me dispuse a afrontar el sábado. Como conseguí ver a Abbado el día anterior, ya iba a venir todo rodado.

19 de mayo. Sábado por la tarde. Sobre las 18 horas salgo de casa. Voy paseando. Es todo recto. Llego a la Bebelplatz, la plaza adyacente a la Staatsoper-Unter den Linden-Berlin.


Esa tarde el Teatro de la Ópera Nacional ha instalado una pantalla gigante en la plaza (más grande que un campo de fútbol) y ha organizado una “Oper für Alle” ("Ópera para Todos”).


A las 19 horas, después de unos breves parlamentos de algún responsable del teatro y del alcalde, la pantalla conecta con el teatro y ofrece, en directo, y para las miles de personas que se concentran en la plaza, “Manon”, de Jules Massenet.


Dirige Daniel Barenboim y Anna Netrebko como Manon. Villazón iba a cantar el Chevalier, pero estaba enfermo y fue sustituido por el brasileño Fernando Portari.

Las entradas se agotaron hacía meses y tenía asumido que me lo iba a perder, pero gracias a esta iniciativa de la organización del teatro pude disfrutarlo aunque no fuese en riguroso directo.


La experiencia fue verlo en una plaza, al aire libre, con miles de personas, puestos de cerveza, salchichas, pasteles, crepes... como si fuese un festival de música pop/rock. Yo me acordé del concierto de Depeche Mode el verano pasado en Torrevieja. Era prácticamente lo mismo, con mucho ambiente y mucho bullicio. Fue una fiesta. Una fiesta muy, muy bonita.

Durante la representación, toda la gente permaneció en la plaza siguiéndola y viviéndolo como si estuviésemos dentro. Aplaudiendo, silbando y jaleando a los cantantes en los finales de sus intervenciones destacadas. Se notaba que la gente disfrutaba.



La realización y los equipos de sonido en la plaza hace que lo veas y escuches perfecto, como si estuviese en el escenario. Como si vieses un DVD o una representación en directo por la tele. Así que, como no estuve dentro, no creo que pueda valorar realmente qué me parecieron la orquesta y los cantantes, porque ya sabemos que no es lo mismo.


La voz de Anna Netrebko me gustó muchísimo; la dramatización del personaje, maravillosa. Es muy buena actriz. “Adieu, notre petite table” fue lo que más me gustó de ella. De Villazón creo que no se acordó nadie. Fernando Portari, ¡chapeau! Una voz preciosa, cristalina. Muy brillante. En la segunda escena del tercer acto, la del convento, se salió. Ahí fue donde se metió al público en el bolsillo.

La escena del casino, el cuarto acto. Muy glamuroso. Ella vestida de Marilyn (¡con peluca rubia!) y él con chaqueta blanca, pelo 'engominao' hacia atrás y un bigote de esos finitos, postizo, con copas de champagne en la mano.

El libreto es muy predecible y a veces te hace reír. Al principio, cuando el primo le dice “Si algún desconocido te dice algo, no le respondas” y luego aparece el primer desconocido, el Chevalier, y ve a Manon y le dice “Vámonos a París” y “El destino nos llevará juntos”. O las típicas frases paternales que le dice el padre del Chevalier a éste en el convento del tipo “Y qué sabes tú qué es la vida” o “Cásate y funda una familia”. Muchos “te amo” y “te adoro”. “Perdónameeee”.

La escena de Manon y el Chevalier en el convento, cuando lo convence para que vuelvan, y el final son las mejores escenas. Magníficas.

Un inciso: En este blog hay un post sobre la pechuga de la Netrebko en Viena. ¡Berlín no iba a ser menos! Y también tuvimos pechuga (que veréis en el vídeo, por supuesto). Pero es algo anecdótico. Realmente es algo a lo que al final no llegas a darle importancia. Todo, música, cantantes, coro, escenografía, la historia..., está muy por encima de esa escena.

Supongo que en Viena sería igual, pero mira... No sé. Los artículos de prensa le dieron más bola a eso. Reducir toda una ópera a ese momento me parece muy poco serio por parte de gente que se dice “crítico” (nota: no me gustan los críticos. Ninguno). Porque nos guste más o menos, no se puede hablar de Netrebko como “un trozo de carne”.

Al final, después de saludar dentro del teatro, Barenboim y los cantantes salieron a la plaza y sobre el escenario en el que estaba la pantalla saludaron a todos los que estábamos en la plaza. No se movió ni un alma. Aquello acabó pasadas las 23 horas.

Yo llegué a casa a medianoche por lo menos. Estaba cansadísimo. Muy feliz, pero reventado. Desde las 19 horas hasta las 23, allí de pie, con toda la gente, viendo la ópera, escuchando la música, leyendo los subtítulos en alemán para enterarme.

Vamos, otra noche desvelado por tanta maravilla. También hubo cerveza. Por supuesto.

El domingo por la tarde fui al Kammermusiksaal de la Filarmónica y rematé la faena. El pianista András Schiff, dentro del ciclo dedicado a las sonatas de Beethoven, interpretó cinco de ellas: 9, 10, 11, 19 y 20. Al final, de bis, una suite francesa para piano de J. S. Bach (10 euros la entrada).

Llevaba ya dos días en la estratosfera, que me subía por cualquier pared que veía, y este tío creo que quemó mi última neurona, si es que me quedaba alguna.

Y nada. Volví a casa. Sí, eso mismo que pensáis. ¿Lo digo? ¡Cerveza! Esta vez unas Wieners riquísimas que estaban de oferta en el súper.

Y se acabó. 72 horas frenéticas. Increíbles. Sublimes. Impresionantes. Maravillosas. Inolvidables. De calle, uno de los mejores findes de mi vida, sin duda (si no el mejor).

Nunca me gusta decir cuánto me cuestan las entradas o cuánto me gasto, pero esta vez lo he dicho porque me ha parecido algo insultantemente barato. A la gente que he visto, las obras que he escuchado y lo que me ha costado todo (sin contar la cerveza y las salchichas...).

No sé. Noto que en esta ciudad todo se me va de las manos. No sé cómo consigo atraparlo. No entiendo cómo todavía sigo cuerdo.

Creo que me he extendido mucho. ¡Muchas gracias por leerlo!

¡¡¡Venid a Berlín!!!

Francesc (am_zoo)

P.D.: La cerveza es la Weihenstephaner Hefe Weissbier.


Vídeo grabado por am_zoo en la Bebelplatz

"Y también tuvimos pechuga (que veréis en el vídeo, por supuesto). Pero es algo anecdótico. Realmente es algo a lo que al final no llegas a darle importancia. Todo, música, cantantes, coro, escenografía, la historia..., está muy por encima de esa escena".


Cómo participar en 'Viva la ópera'

Crónicas anteriores:

1.: 'La comedia è finita!: Baja el telón para la Kabaivanska' (26 de enero de 2004), por Paco Roa

2.: 'La flauta mágica de la Kömische-Oper-Berlin. Versión con personajes y diálogos inventados' (5 de marzo de 2007), por am_zoo

3.: 'Cavalleria' y 'Pagliacci' en el Real: "En 'Pagliacci', se impuso una voz bestial: Vladimir Galouzine" (8 de marzo de 2007), por Allforthemusic

4.: "La Borodina en acción, una mezzosoprano de verdad"(26 de abril de 2007), por Paco Roa

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26 Abril 2007

'Viva la ópera' (4): "La Borodina en acción, una mezzosoprano de verdad"

Cuarta crónica (o crítica, como prefieran) de 'Viva la ópera': el debut de Olga Borodina en el Teatro Real, el pasado 15 de abril. Allí acudió, emocionado, Paco Roa. Para todos ustedes, en exclusiva:

"La Borodina en acción, una mezzosoprano de verdad"

Por Paco Roa:

Ya conocen ustedes sobradamente mi particular debilidad por la vocalidad grave femenina en toda su no pequeña gradación, desde la mezzo ligera hasta la contralto dramática, pasando por las especialistas rossinianas de la “cordada”. Pero si tuviera que quedarme con una sola representante de tan suculenta familia canora —al menos para quien esto escribe, desde luego que bien sabrosa—, ésta sería muy probablemente la mezzo dramática (tesitura que, como es bien sabido, a más de escasear casi tanto como el mirlo blanco, toda una rareza —fíjense si no, de las que un servidor ha conocido, además de la que hoy nos ocupa, afortunadamente en plenitud vocal, la Bumbry, retirada; la Obraztzova, virtualmente retirada también; y la Zajick, comenzando a declinar—, dispone sobre el papel de un exuberante rango vocal sólo punto menos grave que la contralto, pero que a mi juicio compensa con una mayor capacidad, variedad y matización expresiva).

Pues bien, este año ya iba necesitando yo una ración de mezzo en vena y con tal mono asistí, el pasado día 15 de abril de 2007, al debut en el coliseo de la Plaza de Oriente —ya era hora de verla por los madriles— de la mezzosoprano dramática del momento Olga Borodina.

Me van a permitir que en esta ocasión, empero ser la noticia la presentación en dicho teatro de la Borodina, comience por lo que en un concierto vocal suele ser una mínima referencia al final: la orquesta y la dirección. Y es que hacía mucho tiempo que, en mi opinión, los músicos titulares del Real no se producían con la virtuosidad y eficacia con la que lo hicieron acompañando a la cantante rusa, bajo las órdenes de la magnífica directora Keri-Lynn Wilson (habrá que hacerla un seguimiento).

Desde “La gran pascua rusa”, tocada con inusitada precisión y comprensión de la infrecuente página, hasta la “Bacanal” de “Samson et Dalila”, aquí con mención especial para la madera y la percusión, pasando por una vibrante lectura de la conocidísima “Danza de las horas”, larga y merecidamente ovacionada, profesores y directora, en perfecta comunión, dieron lo mejor de sí tanto en las referenciadas piezas sinfónicas elegidas para la ocasión como en los demás momentos compartidos, igualmente en un no menor acoplamiento, con la gran voz de la Borodina. Qué bien, como (casi) siempre, el concertino de esta formación musical, Rafael Khismatulin.

Y ahora ya sí, vamos a enjuiciar el estreno —confiemos en que no sea la única vez que la vemos por estos pagos— de la mezzosoprano de Leningrado en el Teatro Real de Madrid. Lo primero que pude confirmar en el escenario fue, además de su apabullante presencia escénica, que ya presumía, la perfecta correlación de sus cualidades vocales en vivo con las que ya conocía de ella por medio del disco (cosa que, por desgracia, no siempre es predicable para todos los cantantes, produciéndose en algunas ocasiones un no pequeño “gap” entre su voz grabada y su voz en directo); ¿cómo es, pues, el instrumento de la Borodina? Opulento, ancho, voluminoso, redondo y flexible a la vez —capacitado para el matiz llegado el caso—: dicho de una vez, una mezzo —valga el pleonasmo— verdaderamente grave * (como a un servidor le gusta, vaya).

A toda esta riqueza vocal, en la que no falta un robusto agudo, añadan una fuerza interpretativa convincente y eficaz, sabiendo dar a cada página lo suyo dramáticamente, un fraseo idiomático más que correcto (no siempre presente en sus compatriotas cantantes) y una gran musicalidad, bien que no sin esfuerzo conseguida, y tendremos un retrato (creo) bastante cabal de la artista.

La primera parte del programa, después de abrirse la velada musical con la obertura ya citada de “La gran pascua rusa”, quedó conformada con el cuaderno de Modest Mussorgsky “Cantos y danzas de la muerte”, cuatro canciones concatenadas —“Canción de cuna”, “Serenata”, “Trepak” y “El mariscal de campo”— que, teniendo como denominador común a la muerte en distintas manifestaciones, desde la infantil hasta la militar en el campo de batalla, sirvieron a la Borodina, a más de calentamiento vocal, para dejarnos su, ya significada, deslumbrante tarjeta de visita teatral y canora. Lástima que, para quien suscribe, de manera de sentir y psicología latina cien por cien, nos quedaran sumamente ajenas estas canciones, por lo demás tan bellísimas como angustiosas, dichas por la rusa con pasmosa sobriedad e intención; pan comido, pues.

A la vuelta del descanso, la parte segunda del concierto lírico dio comienzo con una ejemplar interpretación de la popular “Danza de las horas”, como ustedes bien conocen, ballet de “La Gioconda”, y concluida esta preciosidad melódica, toda una “delicatessen”, ópera de la mejor, “Voce di donna”, muy celebrada aria de la Ciega del antedicho título de Ponchielli, y todo un remanso de paz en la convulsa acción de esta obra; qué bien aquí la media voz de la rusa.

Más ópera seguidamente con “Printemps qui commence”, aria punto sosa comparada con la otra emblemática de la misma ópera —“Samson et Dalila”—, ofrecida también, ya a modo de propina, por la diva en su despedida, “Mon coeur s’ouvreà ta voix”, magistralmente cantada, confirmando ser hoy una de las dos o tres mejores intérpretes del personaje.

Tras el último momento sinfónico, ballet “Bacanal” de la misma obra, todo un guiño de complicidad para con el público al incluirse en el concierto la celebérrima “Séguidille” “Près des rempants de Séville”, cantado como corresponde, de modo insinuante, bien que anotásemos algún episódico problema en el agudo que cierra la seguidilla. Justo todo lo contrario de lo ocurrido en “Adriana Lecouvreur” y su “Acerba voluttà”, página solista de la Princesa y última del programa, pues el agudo conclusivo aquí también fue dado con una enorme rotundidad y limpieza.

Ciertamente, perdí la cuenta del número de veces que obligamos a la Borodina, ya consumido en su totalidad el programa y la propina concedida, a salir a escena a saludar y agradecer la muy merecida atronadora ovación de un público entregado a la artista, una mezzo de verdad.

*Su voz y hasta su gesto recuerda un tanto a Irina Arkhipova


Ficha artística:

Domingo 5 de abril de 2007 (20:00)
Teatro Real de Madrid, temporada 2006-2007
Ciclo 'Grandes Voces'
Olga Borodina, mezzosoprano
Orquesta Titular del Teatro Real
Directora: Keri-Lynn Wilson

Programa:
PARTE I
Nicolai Rimski-Korsakov
La gran pascua rusa, obertura Op. 36

Modest Musorgski
Canciones y danzas de la muerte
1. Canción de cuna
2. Serenata
3. Trepak
4. El mariscal de campo

PARTE II
Amilcare Ponchielli
Danza de las horas, de La Gioconda
Voce di donna, de La Gioconda

Camille Saint-Saëns
Printemps qui commence, de Samson et Dalila
Bacanal, de Samson et Dalila

Georges Bizet
Près des remparts de Sèville, de Carmen

Francesco Cilea
Acerba voluttà, de Adriana Lecouvreur


Olga Borodina: 'Mon coeur s' ouvre à ta voix...', aria de Dalila con Samson (casi completa) del Segundo Acto, Escena III, de 'Samson et Dalila', Saint-Saëns.
Samson: Plácido Domingo. La Scala, 2002.

En 'Adriana Lecouvreur' y 'Samson et Dalila

(Fotos 1, 2, 5, 3, 4, 6)


Cómo participar en 'Viva la ópera'

Crónicas anteriores:

1.: 'La comedia è finita!: Baja el telón para la Kabaivanska' (26 de enero de 2004), por Paco Roa

2.: 'La flauta mágica de la Kömische-Oper-Berlin. Versión con personajes y diálogos inventados' (5 de marzo de 2007), por am_zoo

3.: 'Cavalleria' y 'Pagliacci' en el Real: "En 'Pagliacci', se impuso una voz bestial: Vladimir Galouzine" (8 de marzo de 2007), por Allforthemusic

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22 Marzo 2007

'Viva la ópera' (3): 'Cavalleria' y 'Pagliacci' en el Real: "En 'Pagliacci', se impuso una voz bestial: Vladimir Galouzine"

La tercera crónica de 'Viva la ópera' es de Allforthemusic. Sobran las presentaciones, ¿alguno de ustedes no lo conoce?:-)

Corresponde a las representaciones de 'Cavalleria rusticana' e 'I Pagliacci' en el Teatro Real, del jueves 8 de marzo de 2007. En esta producción, Violeta Urmana cantaba por primera vez en el Coliseo madrileño y María Bayo interpretaba por primera vez el papel de Nedda. Voilà:

Por Allforthemusic, para mis queridos amigos de Opera, siempre.

Mi historia comienza un jueves 8 de marzo, a las tres y media de la tarde, en el Teatro Real de Madrid, situado justo enfrente del Palacio de Oriente.

Con el Palacio de Oriente como vista principal, estuve hasta las seis y media de la tarde esperando tranquilamente, charlando con dos amigos, para ver la representación de la noche. La función empezó a las 7 y media de la tarde, si mal no recuerdo.

Llegamos los primeros, para la oferta del último minuto. Recomiendo a todos los amantes de la ópera menores de 26 años que aprovechen ahora y disfruten del 90 por ciento de descuento en la entrada. Una entrada como la mía vale 150 euros, pues fue en la primera planta, y en la primera fila de las plateas. Para que os hagáis una idea: el Teatro Real, parecía pequeño desde donde yo vi las dos óperas. Estaba justo en el lado derecho de las plateas, y la verdad, que se veía estupendamente todos los detalles, no se perdía nada de visibilidad. Y… jijiji, me costó baratísima.

Al entrar al teatro, estaba completamente nervioso: tenía muchísima ilusión por ver 'Cavalleria', porque sabía que me iba a encantar. De hecho, estaba temblando de puro nerviosismo: había llegado el momento por el que toda esa semana tan dura había merecido la pena.

Y de repente, se apagan las luces… y entra, por donde ha entrado todo el público, un payaso: cantando el 'Prólogo'. Las caras de la gente, que se esperaban que sacara la cabeza por el telón… no tienen precio. Y yo, desde donde estaba, le veía perfectamente: pero no le oía perfectamente. Eso sí, la voz era una bella voz de barítono, y además, el tío era un buen actor. La pena: cada vez que la orquesta tocaba fuerte, le tapaba. Lo normal sería que el 'Prólogo' se cantara en la opera 'I Pagliacci', pero la verdad que quedó muy curioso que se interpretara al principio de 'Cavalleria'.

Comienza 'Cavalleria rusticana', y en 'Cavalleria' destacó la orquesta. Muy muy buena; la verdad que tocaron muy muy bien, y al público le gustó muchísimo el Intermezzo orquestal, que es famosísimo. Y me gustó la flautista: me fijé en que tenía una flauta de oro, de esas que valen un ojo y medio riñón; quién pillara una flauta así.

El montaje escénico… no lo entendí. Al principio, pensé que estaban en la luna o en una plataforma de mármol o algo así. La verdad, creo que se ahorraron muchas pelas en decorados, porque uno espera ver la iglesia, el pueblo italiano rústico…, pero ¡no una cantera de mármol! Se me hizo muy raro, la verdad. Pero esto es como todo…: para gustos, los colores.

Y ahora… sale la Santuzza: Violeta Urmana, mezzosoprano de bellísima voz, pero no la oí ni un piano ni un forte. La sensación que yo tenía al oírla desde mi perspectiva era de que no se la oía en todo el teatro; es más, a mí me costaba mucho oírla y no entendía lo que decía y, la verdad, estaba bien situado. Sale también el coro, del que parecen sobresalir algunas voces de entre los tenores y los bajos…; muy curioso, la verdad. El coro cantó muy bien en 'Cavalleria' y en 'Pagliacci'.

De 'Cavalleria'…. Me gustó más la orquesta propiamente que las voces. Es una ópera que recomiendo a todos los amantes (y a los iniciados) a la ópera, porque TODOS los momentos son preciosos.

En el 'Innegiamo', una pieza más bien coral, se echó en falta más sonoridad en la voz de Urmana, porque el coro parecía taparla; no parece así en la grabación que escuché en Youtube. Es una de mis partes favoritas de 'Cavalleria', junto con el dúo con el tenor, que francamente no me llamó la atención (¡yo quería llorar!), y el aria del final del tenor.

Aun así, la actuación fue buena: los personajes quedaron creíbles y las voces eran bonitas. Pero… me quedé con ganas de algo más. Realmente, desde donde estaba, tenía la sensación de que algunas voces no se oían bien y no se entendía nada de lo que decían. A algunos les pasaba en algunas frases, y a otros, todo el tiempo... ¿Me estaba quedando sordo?




El público aplaudió muchísimo a Violeta Urmana y al tenor, Vincenzo La Scola.

Menos mal que, en 'I Pagliacci' la cosa mejoró mucho (aclaro aquí, que para mi gusto).

El montaje escénico también era más bien 'ahorrador', pues solamente con dos cuadros de dos payasos, los vestidos de payasos y del coro, además de un camión… pues bueno… se hace poco, aunque me gustó más que el de 'Cavalleria'.

Aquí pude oír a María Bayo, a quien, por cierto, la grabación no le hace justicia: tiene una voz preciosa y, sobre todo, es una gran actriz. La voz, perfectamente emitida: se oía igual, incluso cuando se revolcaba por el suelo; y los pianos, como los fortes, siempre estaban presentes. Llenaba el teatro, tanto con su voz como con su presencia. Eso sí, es chiquitica la mujer, pero una gran cantante.

Pero en 'Pagliacci', se impuso una voz bestial: Vladimir Galouzine. Por contactillos, sé que al hombre este, en un conservatorio de Rusia, no le dejaron ingresar y le dijeron que nunca llegaría a nada en la música.

La voz, ésta sí que no tiene nada que ver en las grabaciones. Pero nada que ver. Es un tenor que está la voz muy suelta, que no le cuesta nada cantar con ese sonido. En la grabación, parece que es lo contrario, eso me llamó mucho la atención.

La voz recuerda a un Giacomini, con un brillo característico, y de una enorme sonoridad. Y además… ¡también muy buen actor! Da una gran presencia en el escenario, y no defrauda. No se me olvidarán jamás los aplausos que recibió. Es que los 'bravo', 'bravo' ensordecían. Ya desde que cantó el 'Recitar... Vesti la giubba', el teatro se cayó a sus pies, de verdad. No sé que será más atronador, si su voz o cuando se calla y todo el mundo dice… 'bravo' (un servidor, también).



Recuerdo también la voz de Ángel Ódena, barítono, que cantó bien el papel de Silvio, y menciono a Antonio Gandía, que cantó el papel de Beppe. El aria 'Oh, Colombina', aunque a mí no me gustó, sí les encantó a mis acompañantes.

La orquesta estuvo muy bien; también en ‘Pagliacci’ y, la verdad, para mí fue una noche que me impactó. 'Pagliacci' me tocó emocionalmente más que 'Cavalleria'. Al principio pensé que no la conocía, y luego resulta que la conocía entera, pero, ver lo que pasa…, ¡jum!, no es lo mismo que escuchar un CD. Lloré al escuchar el 'Recitar... Vesti la giubba', y al final también lloré. Fue un momento muy emotivo y necesité de una media hora para poder 'digerir' esta obra complicada y bellísima que recomiendo que vayáis a ver siempre que tengáis ocasión.

Fue una noche impactante, y por supuesto, os recomiendo que vayáis a ver estas dos obras: son preciosas. Y tampoco os perdáis nada que cante María Bayo o Vladimir Galouzine: merece la pena, no defraudan; es más, impresionan mucho, como voces y como actores.

Un besiño para tod@s!

Allforthemusic

(Fotos: Javier del Real)



Ficha artística:

Jueves 8 de marzo de 2007 (8:00), Teatro Real

'Cavalleria rusticana'(Mascagni) e 'I Pagliacci' (Leoncavallo)

Dirección musical: Jesús López Cobos
Dirección de escena: Giancarlo del Monaco
Escenografía: Johannes Leiacker
Figurines: Birgit Wentsch
Iluminación: Wolfgang von Zoubek
Dirección del coro: Jordi Casas Bayer

Santuzza: Violeta Urmana
Turiddu: Vincenzo La Scola
Mamma Lucia: Viorica Cortez
Alfio: Marco Di Felice
(Lola: Dragana Jugovic).

Canio: Vladimir Galouzine
Nedda: María Bayo
Prólogo / Tonio: Carlo Guelfi
Beppe: Antonio Gandía
Silvio: Ángel Ódena
Dos campesinos: David Rubiera
Dos campesinos: Guzmán Hernando
Un fotógrafo: Javier del Real

Violeta Urmana y Vicenzo La Scola: dúo de Santuzza y Turiddu (primera parte), 'Cavalleria rusticana', Mascagni.

(Lola: Dragana Jugovic).

Segunda parte.

Vladimir Galouzine: 'Recitar... Vesti la giubba', aria de Canio del final del Primer Acto de 'I Pagliacci', Leoncavallo.

Teatro Real, 2 de marzo de 2002 (emitido por La 2).

(Gracias, pasaelmocho)


Cómo participar en 'Viva la ópera'

Crónicas anteriores:

1.: 'La comedia è finita!: Baja el telón para la Kabaivanska' (26 de enero de 2004), por Paco Roa

2.: 'La flauta mágica de la Kömische-Oper-Berlin. Versión con personajes y diálogos inventados' (5 de marzo de 2007), por am_zoo

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12 Marzo 2007

'Viva la ópera' (2): 'La flauta mágica' de la Kömische-Oper-Berlin. Versión con personajes y diálogos inventados

Esta vez es am_zoo quien participa en 'Viva la ópera'. Estudia en Berlín y se está poniendo las botas musical y líricamente hablando. Hoy nos brinda su testimonio sobre la representación de 'La flauta mágica' que presenció hace siete días en la Ópera Cómica de Berlín: "Me dejó tan atónito y lleno de rabia que me está costando asimilarlo".

No sólo lo cuenta, sino que hizo de pirata bueno (¡prohibido llegar al final sin leer el texto!). Toda una exclusiva.

Agárrense a la silla. Voilá:

"Me siento estafado. Fue el pasado lunes, 5 de marzo de 2007. Asistí a la representación de 'La flauta mágica', de Mozart, en la Kömische-Oper-Berlin. No sé qué adjetivos usar. Lamentable, horroroso, aberrante… me parecen demasiado suaves.

A ver cómo lo cuento. Llegué, dejé la chaqueta en el guardarropa, compré el programa (2,80 euros) y me senté en mi butaca. Miro la portada del programa y lo abro. Leo:

Die Zauberflöte (bien)

Große Oper in zwei Aufzügen von W. A. Mozart (correcto)

Libretto von E. Schikaneder (exacto)

Dialogfassung ("Versión con diálogos") von Hans Neuenfels

¿¿¿Cómo??? ¿Versión con diálogos de Hans Neuefels? ¿Eso qué significa?

Paso las páginas del programa. Habla de la obra, hay una entrevista a no_sé_quién; y en las páginas finales, los diálogos del director de escena, el tal Hans. Cito: "Entre la introducción y el aria de Papageno… un diálogo a continuación". Pues así toda la obra.

La cosa no acaba aquí. Tras descubrir que se ha cargado los diálogos originales y ha puesto los diálogos de cosecha propia, me percato de que en ellos aparecen tres personajes, una mujer y dos chicos. La mujer se llama Marie-Louise. Ellos son Franz y Xaver. Vaya, qué gracioso el director de escena, usando el nombre de uno de los hijos de Mozart, que, mira qué casualidad, ¡es mi nombre!

Estoy nervioso. Desencajado. Me niego a pensar que alguien ha cogido la obra y la ha amputado, literalmente. "¡No, no, no! No puede ser!".

Saco la entrada. En ella no pone nada. Salgo al hall en busca de algún folleto. Nada. Miro la programación del mes. Nada tampoco. "No lo pone en ningún sitio. Si lo llego a saber, no compro la entrada. ¡Pero es preciso que lo ponga en algún sitio!".

Pero no lo pone en ninguno de los que miré y miro en este momento. Vuelvo a mi butaca. Me siento fatal. Siento un nudo en la garganta. Estoy incómodo. Noto una presión fuerte en el pecho. La obra no ha empezado. Las evidencias son claras y sé qué va a pasar (mentira, ni la mínima parte de lo que va a pasar sé), pero me resisto a pensar que ocurrirá. Tengo la esperanza (nula) de que no va a aparecer ningún elemento extraño durante la representación. Tengo ganas de gritar fuerte y con rabia alguna de las palabras malsonantes que se me pasan por la cabeza (imaginad las más malsonantes).

Bueno. Empieza la cosa. Obertura. Aparece Tamino: 'Zu hilfe, zu hilfe...'. Bien. Va vestido de cazador, con gafas. Luego salen las tres damas. Llevan abrigos y peinados a lo años 50 (así era todo el vestuario). Vale, por mí..., mientras no altere el sentido de la obra, como si Tamino lleva bermudas.

Termina la introducción y viene el primer diálogo. Desaparecen las tres damas y salen los tres inventados. Se acercan a Tamino y dice uno de los chicos inventados: "Quién es este?". Y responde la mujer inventada: "Un tipo paranoico". Y sigue el diálogo…

¿Un tipo paranoico? ¿¡¿Qué!? ¿Tamino un tipo paranoico? Primera puñalada trapera.

Lo mío va a más. Cada segundo que pasa odio más al Hans ese. Me llega a doler la cabeza de tanto pensar en "¡No y no y no!".

Pues así todo el primer acto.

Los diálogos de las tres damas con Tamino, que se van interrumpiendo una a una pero que forman un solo discurso, y cómo le hablan, y cómo se le acercan. Ese juego de movimientos de las tres damas con Tamino. Fuera, todo fuera. Ahora están los tres sujetos inventados, con diálogos nuevos.

Ellos tres siempre están presentes en todos los diálogos. En algunos, incluso dialogando los tres con alguno de los personajes. El personaje original (Tamino, Pamina, Papageno, el que sea) hablando con los inventados. ¡Dios! ¡Eso es aberrante! Quitan texto original. Están alterando la historia original, aunque la música y la letra de la música se respete (lo único que respetó. Menos mal).

Más. La primera aria de la Reina de la Noche: una Reina que aparece en el escenario temblorosa y con paso dubitativo, que parece que vaya a desmayarse. No me gustó su timbre para cantar la Reina de la Noche. Tampoco tenía agilidad y flexibilidad para la coloratura y llegaba muy forzada a los agudos.

Bueno. La dramatización del personaje, pésimo y lleno de barbaridades. Durante la primera aria, la Reina pierde una mano, se arranca la cabellera quedando calva, se arranca un pecho y al final se desmaya. Entran los dos sujetos inventados con una camilla y se la llevan, perdiendo por el camino una pierna... Yo flipaba. Y encima, ¡había gente que se reía! ¡Lamentable! La Reina de la Noche, personaje vil, siniestro, perverso y malvado, caricaturizado en un personaje enfermizo y débil.

Con Sarastro tampoco tuvo piedad. El bajo que lo interpretaba fue, de lejos, la mejor voz de todo el reparto. Una voz profunda, limpia, clara. Una voz muy noble. Perfecto para Sarastro, para lo que simboliza. Simbolismo que el amigo Hans se encarga de hacer añicos, cómo no. Sarastro, el gran sacerdote, que representa la verdad, la bondad, la pureza, la luz, caracterizado en un personaje viejo, en silla de ruedas, que necesita ayuda para caminar (y menuda ayuda le ponen..., ¡qué triste!), que le dan espasmos y amagos de ataque.

Al principio del segundo acto, escucharlo cantar ese 'O Isis und Osiris', con esa nobleza y claridad, esa melodía solemne como un himno... y haciendo como que le dan espasmos musculares y se va a caer de la silla. Esto me pareció, ya no sólo sacar de contexto al personaje, me pareció putear al cantante. ¡Una falta de respeto total!

Un Papageno triste, vestido con traje de chaqueta gris. Sin ningún elemento que lo identifique como pajarero. Siempre a su alrededor el Franz y el Xaver, los inventados, llevando cazamariposas o pajaritos de plástico, haciendo… ¡haciendo nada!

En la segunda aria de la Reina de la Noche… Bueno, esto viene todo de seguido desde el aria de Monóstatos. Empieza Monóstatos junto a una urna de cristal en cuyo interior se encuentra 'Pamina' congelada. Termina su aria y aparecen la inventada y uno de los inventados. Monóstatos permanece en escena. Sale 'Pamina' de la urna. Pamina entre comillas porque no es Pamina, es un tío disfrazado de Pamina (no sé qué c...... significa eso, pero como todo hasta ese momento, no me gusta).

El monólogo de la Reina, ese sermón a Pamina, ya he dicho que se lo ha cargado. Habla la inventada, Marie-Louise. Ni me molesto en ver qué dice. Eso sí, al final de su monólogo se dirige al director de orquesta diciéndole suavemente: "Musik!". ¡Ese 'musik' sustituye el 'kein Wort' tan lleno de odio! Y sale la Reina y remata la faena.

¡Uf! Se me olvidaba. Durante el aria, Monóstatos y uno de los inventados dan puyazos a la Pamina andrógina siguiendo las indicaciones de la Reina de la Noche, que les marca, al ritmo de la música, cuándo deben darlos. Parte del público se ríe.

Era para llorar. La escena más dramática y siniestra de toda la obra, el clímax en el que el público queda expectante temiendo lo peor, ese dramatismo que sirve para que al final de la obra, cuando todo ha salido bien, la sensación de felicidad del espectador sea más gratificante al ver la derrota del mal, se lo carga con una tranquilidad increíble. ¡Ese tío es un insensible!

¡Uy! La flauta y el glockspiel. La flauta es un pene de aproximadamente un metro, y del glockspiel no cuelgan campanillas, cuelgan testículos plateados. Para hacer sonar la flauta, Tamino se la debe de frotar por el cuerpo, y el glockspiel cuando suena pues… produce dolor en las partes… nobles. Vamos, muy… imaginativo.

Y el final. El final es para arrancar la butaca y tirarla. Sale Sarastro y el coro a cantar el 'La luz del sol vence sobre la noche…', todo el significado de la obra que canta el personaje que simboliza esa luz del sol, esa verdad y bondad. Pues acaba de cantar Sarastro y mientras el coro está concluyendo la obra, le entran espasmos, le da un ataque y se muere en la silla de ruedas. ¡El Hans se carga al personaje que simboliza la verdad y la bondad! ¡Lo que ha vencido a la maldad muere! ¡Mata lo bueno!

La obra concluye ahí, pero pensemos que lo bueno ha muerto y que la maldad, la Reina, sigue viva. ¡Deja el camino libre para que vuelva la maldad y no encuentre obstáculo para vencer! Matando a Sarastro se carga definitivamente el simbolismo de la obra. Y si te cargas el simbolismo, te cargas la obra, aunque hayamos escuchado todas sus melodías. El espectador se va jodido. Creo, yo, vamos.

No sé. Seguro que me dejo muchas cosas. Fue una masacre artística en toda regla. Cada número tenía la suya.

Musicalmente bien. Ningún pero a la dirección musical. Me gustaron más las voces masculinas que las femeninas (ya, bueno, es que la Reina es mucha Reina…). Sólo hubo, al principio de la segunda aria de la Reina, un momento en el que la orquesta se precipitó, pero… nada. La orquesta sonó muy muy bien.

Lo peor fue la escenificación, y creo que ha quedado bastante claro. Toda mi impotencia, rabia…. ¡Uf! Es como si me estuviesen apaleando. Me sentía terriblemente mal. Y para colmo, lo que he dicho al principio, los dos inventados se llamaban Franz y Xaver. Además de estar aguantando toda esa pantomima que no tenía gracia ni sustancia, escuchar a la Marie-Louise llamar a la vez a los dos sujetos inventados: "Franz Xaver!" Joder, es mi nombre. No soporto escuchar mi nombre ahí. Era como si estuviesen hurgando en alguna herida profunda o mal curada…

El primer acto fue el peor. Luego en el descanso me tranquilicé un poco y como en la última fila había varias butacas seguidas libres me senté allí. Podía estar más cómodo. En muchos momentos no me apetecía mirar aquello y estando detrás me podía sentar más cómodamente y mirar al techo mientras escuchaba la música. Había gente que empezó a marcharse a mitad del segundo acto. Gente a mi lado que dormía, la chica de delante se sacó su tableta de chocolate y se puso a comer, su pareja hacía cara de muy pocos amigos. Al final, aplausos entre algunos abucheos (los míos también). Salieron los cantantes uno a uno, y aplaudí. Me marché enseguida. Pasé de ver al Hans.

Esa noche me costó dormir…. Bueno, ni os lo imagináis. Y lo peor fue al día siguiente.

Al día siguiente, lo primero, averiguar quién era ese tal Hans Neuenfels. En la programación de la Ópera Cómica sólo aparece en 'La flauta mágica'. Miro en la programación de la Staatsoper, y no sale. Miro en la programación de la Deutsche Oper y... ¡bingo! Sale como escenógrafo de una ópera esta temporada: 'IDOMENEO'. No voy a decir más. Aquí todos sabemos qué pasó y todo lo que se dijo de libertad de expresión… y tal y tal.

Cuando ocurrió aquello, pensaba en hasta qué punto es libertad de expresión y hasta qué punto ese señor estaba atacando la libertad religiosa, o de elección, de los demás, independientemente de todas las amenazas fundamentalistas, ya que no sólo se cortaba la cabeza de Mahoma, sino también la de Jesucristo y la de Buda, como ya sabemos.

Pero tampoco le daba muchas vueltas a aquello. Evidentemente, en aquel momento no conocía el nombre del escenógrafo, y ni me preocupaba saberlo, la verdad. Tampoco era un tema que viese muy candente en la sociedad berlinesa. Ni con mi compañero de piso, ni con nadie de la universidad o del curso de alemán hablé de ello, y tampoco ellos hablaban de ello. Tampoco era algo tan grave como para preocuparse tanto… Además, en Berlín viven más de 200.000 turcos (musulmanes) y no hubo ningún tipo de protesta por parte de ellos. Sólo era miedo a algún atentado terrorista.

Pero el otro día me topé con él de cara y en un teatro. Y eso cambia las cosas. A mí, el dinero de la entrada, sinceramente, me da igual. Lo que me fastidia es que un tío coja una obra, y con toda la impunidad del mundo la destroce. Aquí no vale la libertad de expresión o la autocensura artística como excusa. Ha cambiado por completo el sentido de una obra, ha roto su ritmo y ha introducido elementos nuevos. Eso es manipulación.

Puede que sea exagerado, pero éste es un caso más, de los muchos que hay, que nos lleva hacia '1984' o hacía 'Un mundo feliz'.

Lo segundo, fui a devolver una entrada. Tenía para 'Don Giovanni', pero me enteré de que es en alemán, y paso. ¿'Madamina' en alemán...?, ¿'Don Giovanni, a cenar teco...' en alemán? No. Muy a mi pesar, pero no. ¿Y si encima me meten aberraciones sin previo aviso? Paso. Otra vez será. Y lo repito: muy muy a mi pesar, porque me encantaría ver 'Don Giovanni'. Eso sí, la de 'El rapto del Serrallo' me la guardo, que tengo curiosidad por ver qué hace el Calixte Bieito.

Y como decía alguien en un comentario de no recuerdo qué post, antes de comprar una entrada percataos de quiénes montan la obra, hasta del que levanta el telón si podéis. Él decía que miraría su entrada con lupa. Con lupa no, ¡con microscopio!

Pronto volveréis a leerme, porque estando en esta ciudad estoy aprovechando al máximo y voy a tantos conciertos como puedo.

Ésta no ha sido mi primera vez en la ópera. Fue hace un mes, en la Staatsoper, y fui a ver 'La flauta mágica' también. Iré a ver otras óperas, ya tengo las entradas, pero se da el caso que en los tres teatros de ópera representan esta temporada 'La flauta mágica' y pensé en ver las tres representaciones, una en cada teatro, y luego comparar.

Es algo que…. Ahora, o nunca jamás. Una ciudad como Berlín, con tanta oferta cultural, y especialmente musical, hay que exprimirla al máximo. No me voy a poner ahora a hablar de precios, pero, la verdad, es bastante asequible, y eso me permite ir a bastantes conciertos, no sólo sinfónicos o de cámara, o teatro lírico, sino también pop, rock o cualquier otro estilo musical. Berlín vale mucho la pena. Se ha de venir.

Creo que me he extendido un poco. Espero no haber sido muy lioso (a mí ya me liaron bastante…). Perdonad.

Gracias por leerme,

am_zoo


Ficha artística:

Lunes 5 de marzo de 2007 (19:00), Kömische-Oper-Berlin

Director musical: Markus Poschner
Director de escena: Hans Neuenfels

Vestuario: Reinhard von der Thannen
Coro: Robert Heimann

Sarastro: James Creswell
Tamino: Peter Lodahl
Pamina: Brigitte Geller
Reina de la Noche: Eleonore Marguerre
1ª Dama: Sinéad Mulhern
2ª Dama: Cristiane Oertel
3ª Dama: Caren van Oijen
Papageno: Tom Erik Lie
Papagena: Claire Wild
Monóstatos: Thomas Ebenstein
Tres Genios: Philip Lutz, Moritz Mahler, Jan Scheidl
Dos sacerdotes: Sven Goiny, Mathias Bock

Los tres sujetos inventados:
Marie-Louise: Elisabeth Trissennaar
Franz: Ludwig Blochberger
Xaver: Alexander Heidenreich

(Las fotos)

Eleonore Marguerre: 'Der Hölle Rache', aria de la Reina de la Noche del Acto II, Escena III, de 'La flauta mágica' , Mozart. Kömische-Oper-Berlin, 5 de marzo de 2007.

"El monólogo de la Reina, ese sermón a Pamina (...) se lo ha cargado. Habla la inventada, Marie-Louise. (...) Al final de su monólogo se dirige al director de orquesta diciéndole suavemente: "Musik!". ¡Ese 'musik' sustituye el 'kein Wort' tan lleno de odio! Y sale la Reina y remata la faena".


Actualización (13/03/07):

No se lo pierdan: videoclip de la representación


Cómo participar en 'Viva la ópera'

Crónicas anteriores:

1.: 'La comedia è finita!: Baja el telón para la Kabaivanska' (26 de enero de 2004), por Paco Roa

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5 Marzo 2007

'Viva la ópera' (1): "La comedia è finita!: Baja el telón para la Kabaivanska"

Hoy es un día especial: estrenamos sección. La llamaremos 'Viva la ópera' y en ella se recogerán los testimonios de aquellas actuaciones, para nosotros memorables, que tuvimos la suerte de ver y escuchar en vivo y en directo y que nos gustaría compartir con todos los demás.

Inicia esta nueva andadura Paco Roa, rossiniano confeso y activo participante en 'Ópera, siempre' desde sus inicios, quien define a la perfección la esencia de este nuevo reto: "un espacio abierto para todo el que quiera compartir con el foro sus mejores recuerdos y experiencias vividos en la ópera".

Para participar, basta con enviar el texto a través del e-mail del blog (no olviden sustituir [arroba] por el signo correspondiente: @). Las reseñas serán publicadas por riguroso orden de llegada y, por supuesto, con la firma correspondiente de su autor. En la medida de lo posible, irán acompañadas de un vídeo o audición (propuesto por el autor del texto si así lo considera conveniente).

Se ruega que, por favor, en la medida de lo posible, el texto no sea excesivamente extenso. Si lo bueno, breve: dos veces bueno:-)

En el mes de diciembre (se anunciará en su momento), será elegida por votación la crónica más interesante de todas las publicadas. El recuento de votos se hará público oficialmente a principios de enero de 2008.

Andiamo!

"Ya que nadie se anima a contarnos sus mejores veladas operísticas vividas en el teatro, rompo yo el hielo y les dejo la narración de una de las más maravillosas noches que servidor de Vds. ha pasado en teatro alguno. Aprovecho y reproduzco, para mejor contarles la experiencia, la crónica que en su día remití a un buen amigo aficionado que, por razones de fuerza mayor y muy a su pesar, no pudo acompañarme en aquella memorable ocasión. Saludos muy cordiales y así decía la nota que le remití":

"La comedia è finita!: Baja el telón para la Kabaivanska"

Paco Roa

En la relación de sucesos notables, muy querido Miguel Ángel, que cuentan los cronicones operísticos es menester inscribir ya lo acontecido el pasado 26 de Enero de 2004 en el Real: la última interpretación de Floria Tosca por la gran —más grande que nunca— Raina Kabaivanska, en un inesperado regalo para la afición madrileña.

Es muy posible que en la historia de personaje tan apasionado que vive, mata y muere por amor, verdaderamente un espíritu libre hasta el punto que no parece pertenecer a una sociedad tan cerrada e impermeable como la romana de los albores del diecinueve en la que vive, se haya cantado mejor (pienso especialmente en algunos nombres de sopranos italianas), pero nunca intérprete alguno supo comunicar con la fidelidad y credibilidad que lo hizo la Kabaivanska su verdadera naturaleza y esencia privativa de la prima donna absoluta que resulta ser.

Una mujer que es capaz de experimentar intensamente en apenas 24 horas todos los estados de ánimo de un ser humano sin perder un solo instante, ni en los trances de mayor dramatismo que le depara la trama argumental pucciniana, su pose de diva; en palabras propias de la soprano: "Soy una soprano lírico-spinto, sin excesos veristas, para entendernos. Por lo tanto, la mía no es una interpretación violenta. Trato de darle una amplia gama de matices, de nuances y sobre todo de respetar todas las indicaciones de Puccini, que poseía un instinto teatral fortísimo. Así se logra transmitir siempre la esencia del personaje. Tosca además tiene muchas características de mi personalidad. Por ejemplo, yo también soy muy orgullosa y odio los abusos y todas las formas de totalitarismo, así que mato con mucho gusto al tirano… Creo que con los años he podido encontrar este punto de veracidad y autenticidad a pesar de su personalidad exuberante". Dígaseme, por poner un solo ejemplo, quién con mayor propiedad en escena exclamó, tras dar muerte al repugnante déspota Scarpia —moralmente, recordemos, el tiranicidio puede llegar a estar justificado en casos extremos—, "E avanti a lui tremava tutta Roma!".

En fin, déjame ahora comentarte los detalles de la emotiva función, y por desgracia ya irrepetible en lo que toca a la Kabaivanska, del pasado lunes. En primer lugar, debo decirte que disiento del general parecer de estar ante una gran —incluso 'memorable', según el crítico Antonio Iglesias— producción de nuevo cuño. Es una lástima que la Espert, responsable última, se dejase llevar de su conocido anticlericalismo, vía escenógrafo, figurinista e iluminador, y nos presentase, por si alguno desconociese esta condición suya, un lúgubre escenario, por momentos mortecino, evidenciado en la tétrica iluminación y decoración dada a la iglesia de Sant’Andrea Della Valle (no conozco personalmente este templo, pero por la documentación gráfica que tengo sobre él, puedo asegurarte que posee una radiante iluminación y, desde luego, ni ésta ni ninguna otra iglesia al mediodía —momento en el que como sabes se desarrolla la acción del primer acto— ofrece tan tenebroso aspecto), que más parecía un siniestro tugurio que lo que en realidad es: una de las más hermosas iglesias romanas admirada tanto por creyentes como por no creyentes con un mínimo de sensibilidad. Y en el increíble y más que forzado tratamiento rufianesco dado a los numerosos eclesiásticos que pululan por el escenario —el propio Scarpia, en un puro dislate, muta su condición policial por la de clérigo (¿?)—.

No negaré lo felizmente resuelto que resultó el conclusivo "Te Deum" apoteósico del primer acto, consiguiéndose muy bien el clímax requerido, como tampoco dejaré de subrayarte la pésima resolución del suicidio de Tosca. Qué bien sonó en esta oportunidad, soportando sin desmayo toda la trepidante acción, la orquesta titular del Real, sabiamente conducida por la experimentada batuta de Maurizio Benini; mención especial para el clarinete solista que primorosamente desgranó su obligado en el "E luvevan le stelle".

Por lo que hace al reparto vocal, decirte que nos tocó en suerte el segundo tenor Mario Malagnini, de maneras tan limitadas como estudiadas, bien que sobrado vocalmente: aceptable su línea de canto y notable su registro agudo —ojo cómo mantuvo el si bemol en la palabra 'Vittoria!' del segundo acto—; y el segundo barítono Enrique Baquerizo, nada que ver ni de lejos como actor con Ruggero Raimondi, primer barítono de la producción, pues nos dibujó un Scarpia descafeinado, mostrando insuficiente dominio de la palabra y del canto hablado que requiere tan odioso personaje, que ante todo es puro teatro y que precisa de un consumado actor capaz de volverse profundo y amenazador. Cumplieron adecuadamente en sus respectivos cometidos el coro y los comprimarios.

Y volvemos a Raina Kabaivanska, verdaderamente la única triunfadora de la noche. Es costumbre inveterada en no pocos teatros, principalmente del mundo anglosajón, como bien sabes, aplaudir la primera salida a escena de los grandes veteranos, circunstancia que, empero, no se da en el Teatro Real. Pues bien, dado lo singular de la velada y la categoría de su protagonista de tan dilatada —¡47 temporadas!— como exitosa carrera, me pareció necesario reconocerlo de algún modo y rompí con tan silente conducta iniciando, no bien hubo aparecido en escena la Kabaivanska, un aplauso que, tal y como yo esperé asumiendo este riesgo calculado, fue secundado por todo el público terminando en una breve pero intensa ovación; ya veremos si mi gesto cuaja en el Real o es flor de un día.

Una sola palabra me podría servir —y ya voy concluyendo— para calificar su actuación: sublime. Es verdad que a sus casi 70 años (por cierto, batió el récord de ser la Tosca más longeva en posesión de la Olivero, que tenía 68 años cuando cantó por última vez este papel), la voz presenta asperezas y cierto descontrol en el vibrato, bien que, fíjate qué maravilla, mantiene aún firme la zona aguda, dato evidenciado en su aplaudidísimo (más de 4 minutos) "Vissi d’arte" , pero no es menos cierto también que conserva intactas sus insuperables virtudes interpretativas y todo su instinto teatral que, con toda justicia, la situaron como la primera cantatriz de su generación.

Quince minutos de aplausos al final de la función para ella, lluvia de miles de octavillas —"RAINA, GRAZIE, AMORE", se podía leer en ellas— y cientos de flores fueron poco para agradecerla el inolvidable detalle de habernos dedicado su última Tosca. Hasta siempre, Raina-Reina.

Un muy fuerte abrazo,

Paco



Lunes 26 de enero de 2004 (20:00), Teatro Real

Dirección de escena: Nuria Espert
Dirección del coro: Martin Merry
Dirección musical: Maurizio Benini

Escenografía: Ezio Frigerio
Figurines: Franca Squarciapino
Iluminación: Vinicio Cheli

Floria Tosca: Raina Kabaivanska
Mario Cavaradossi: Mario Malagnini
Barón Scarpia: Enrique Baquerizo
Cesare Angelotti: Marco Spotti
Sacristán: Miguel Sola
Spoletta: Emilio Sánchez
Un carcelero: Javier Roldán
Un pastor: Eliana Bayón
Sciarrone: Josep Ribot

Raina Kabaivanska: 'Vissi d'arte', aria de Floria Tosca de la escena final del Tercer Acto de 'Tosca', Puccini. 1976.

(Fotos: 1, 2, 3)

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